miércoles, 3 de abril de 2013

Read me


Tener en los ojos el deseo de mirar. Tener en los zapatos las ganas de marchar. Y quedarse… prisioneros de un mundo que sólo nos deja soñar”
No conozco otra forma de escribir que no sea desde el interior. Todas y cada una de las historias tienen su parte real, aunque hablen de dragones, de princesas que esperan en sus torres o de niños que escapan volando hacia un país donde crecer está prohibido.
Todo escritor mira dentro de su vida antes de coger el bolígrafo. Si no está contento, crea un mundo nuevo, perfecto, utópico. Si lo está, entonces las historias suelen ser reales, con sentimientos palpables que no se pierden en bocas ajenas como palabrería.
Aunque resulte extraño, lo imposible se hace alcanzable si se sueña. Porque los sueños son el comienzo de las posibilidades. Sin embargo, hay sueños en los que algunos se sumergen demasiado hondo, tanto que la realidad a veces se confunde, se entrelaza con aquellos pensamientos que parecen pasajeros, que no están para quedarse, pero que sin querer pulsan ese botón. Y entonces todo cambia.
El curso de los pensamientos suele ser verdadero. Si al leer algo, te pierdes y no consigues encontrarle el sentido, significa que el autor está confuso.
Al leer cualquier texto, le estás leyendo la mente al que lo escribe.

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