lunes, 18 de febrero de 2013

Cap; pas cap.


“-Quiéreme. ¿Capaz o incapaz?
-Capaz”
Un autobús que vuela, un te quiero que no corre lo suficiente. Un tiovivo rodando escaleras abajo, en busca de unas manos que se vuelvan a intercambiar. La promesa de volar en el aire, esa promesa que se cumplió, aunque él no pudiera verla agitar los brazos. Los años que pasan, que hacen olvidar cosas para formatear la memoria y no sufrir más. El crecer que llega de golpe, como un puñetazo. Búscame, te esperaré. Ya veremos. Un banco que ha estado en miles de sitios sin moverse ni un ápice, una moneda que ha viajado mundos y ha participado en historias infinitas y eternas. Todo un mundo rodeado de lo bohemio, romántico, increíble, soñador, mágico. Un mantel que no debería estar ahí para tapar lo que todos merecen ver. Los años que corren furiosos, como si buscasen algo con lo que divertirse al fin; pero no encuentran nada. Un lápiz y una goma que dibujan pensamientos sin control, sonrisas a medio descifrar, aquella chica que te está mirando justo ahora, no, la de atrás, ahora ya no mira, te lo acabas de perder, pero te juro que antes te comía con los ojos. El verde que susurra, que produce paranoias, que te hace soñar. Los mismos de siempre esbozados contra un semáforo que se ha olvidado los colores en casa. Aquel coche que pita, pero que lo hace por placer, sin prisa, sin motivo, el agrio sonido de un claxon al refunfuñar. Los ojos que no miran, trabados en un recuerdo. Los labios que gritan y se mueven palpitantes, al ritmo del beso que han intentado saborear.
Y la vida, que pasa siempre. A veces más rápido de lo que pretendemos. 

viernes, 15 de febrero de 2013

We part to meet again


Miles y miles de kilómetros desconocidos, que nacen para ser pisados por pies como los nuestros, que parece que están ahí esperando nuestra llegada. Y sin embargo no llegamos, porque algo nos retiene. Sueños acobardados que se esconden en una almohada para salir a echar un vistazo por las noches. Tengo que estudiar, tengo que trabajar, tengo que cuidar de mi familia, no puedo dejar a mi novio. Con lo sencillo que sería coger una mochila y comenzar a caminar. No hay necesidad de mirar atrás, lo mejor está por llegar.
Llegará un día en el que soñar estará de más, me va a importar un bledo que sea arriesgado, que no me dejen hacerlo, que no tenga dinero, que mis amigos estén ocupados… Hay que dejar de estar pendiente del mundo y ocuparse de uno mismo.

sábado, 9 de febrero de 2013

To dream-dreamt-dreaming


“Sabes que los grandes sueños nunca mueren en nosotros, del mismo modo que las nubes regresan tarde o temprano, dime que al menos tú llevarás un sueño en tus ojos.”
Hay palabras que no se deben decir, sonidos que no se deben articular, frases que no se deben juntar. Hay ideas que no se deben expresar. Pero una vez hecho todo, ¿qué más da? No cambia nada por mucho que lo intente. Ni el pasado, ni el presente. El futuro es una ciencia incierta, algunos le llaman destino; adopta la forma de una masa oscura por la que en ocasiones asoman rayos de sol, pero en general está hecha de pesadillas, de dudas y de preguntas que nadie sabe responder.
¿Sueñas? Sí, claro. Despierta y dormida. ¿Acaso no vivimos para eso? Qué razón tienes… la vida parece tan vacía sin sueños… Pero, cuando tus sueños no se realizan, ¿no te sientes morir? Es un riesgo que a veces hay que correr. Si no nos tiramos de vez en cuando a la piscina, nunca sabremos si está o no llena, desde aquí no se ve. ¿Y si soñáramos con cosas verosímiles, que podemos alcanzar? No serían sueños, serían esperanzas. Y éstas a menudo se tiñen de engaños. Tienes que cantar. Tienes que escribir. Tienes que actuar. Tienes que tocar. Es lo que realmente se te da bien, con lo que te sientes completo. No hay salida… Pues cava un túnel subterráneo y fabrícala. Son malos tiempos para los soñadores… Yo diría, más bien, que son malos tiempos para los que pretenden vivir sin soñar.
¿Cerramos los ojos, entonces? ¿Para qué? Sabes que no es necesario.

“En cualquier pareja de almas, las dos son absolutamente diversas. Tanto en la amistad como en el amor, ambas, codo con codo, levantan las manos juntas para encontrar aquello que ninguna de las dos puede alcanzar por sí sola”
Cuando encuentras a alguien al que le contarías todas las historias del mundo, las reales y las ficticias, las inventadas y las copiadas; al que le gritarías sólo para conseguir que se alejase de ti, cuando tú estás deseando que no lo haga; al que le mentirías a cerca de lo precioso que es el mundo, tan sólo porque tienes miedo de que tenga pesadillas; con el que te acostarías cuando estuviese amaneciendo porque el sueño no vence las ganas que tenéis de compartir tonterías; con el que un lunes se convierte en un viernes, y un miércoles en el mejor día del mundo.

miércoles, 6 de febrero de 2013

So simple


“Cuando perteneces a alguien, deja de estar bien, te limita, te arriesgas a perderte a ti misma.”
La poesía contiene algo que me da ganas de gritar, de expresar, de decirlo todo y que nadie entienda nada.
Al ser recitada, sin embargo, me da miedo, arcadas, ganas de huir. Porque no es lo mismo pensar algo que decirlo. Las palabras, al ser nombradas, desaparecen en el aire para crear ideas.
Ideas que mueven montañas, que cambian sentimientos, que sacan sonrisas, que marchitan flores, que se pierden pero siempre vuelven.
La poesía no es métrica, sino saber susurrar gritos de rabia. Casi todos provienen de amor. De alguna locura que se esconde tras un detalle dibujado de risa.
No llores: recita.
De algún modo, las penas encuentran su cárcel en una hoja de papel. Y éstas no caen con el otoño, de forma que esa reja nunca muere, irrompible.
Las cadenas se retuercen, sorprendidas por su carga inmortal.
Las palabras no vuelan. Permanecen.

World's end


“Qué raro cuando no estamos distraídos, cuando no tenemos tanta prisa, cuando sabemos detenernos. Y sonreír. Y comprender. Y cerrar los ojos. Y notar incluso los segundos que corren por nosotros. Y saber vivirlos todos a fondo. Y saborearlos con una sonrisa, con preocupación, con esperanza, con deseo, con claridad, con cualquier duda. Pero saborearlos. Saborearlos a conciencia”
Saber qué botón accionar. Qué cable cortar. Qué sentimiento revivir. ¿Rojo o rosa? Ambos. ¿Fútbol o muñecas? Ninguno. ¿Hawaii o Australia? El mundo entero.
Y un día, de repente, sin ninguna razón o motivo, abres los ojos sonriendo. Hasta te asustas, pero sonríes. Porque todo está por llegar, nada queda atrás. Comprendes que el fin del mundo no tiene una fecha marcada. El fin del mundo es cada día que comparto con los que quiero. El fin del mundo se halla en un bonito amanecer o un “¿vamos a desayunar por ahí?”, tras una noche que no quiere terminar.
El fin del mundo está en ser feliz. Y yo tengo poderes mágicos para conseguir que la gente lo sea. ¿No me crees?
Espera.