“Qué raro
cuando no estamos distraídos, cuando no tenemos tanta prisa, cuando sabemos
detenernos. Y sonreír. Y comprender. Y cerrar los ojos. Y notar incluso los
segundos que corren por nosotros. Y saber vivirlos todos a fondo. Y saborearlos
con una sonrisa, con preocupación, con esperanza, con deseo, con claridad, con
cualquier duda. Pero saborearlos. Saborearlos a conciencia”
Saber qué
botón accionar. Qué cable cortar. Qué sentimiento revivir. ¿Rojo o rosa? Ambos.
¿Fútbol o muñecas? Ninguno. ¿Hawaii o Australia? El mundo entero.
Y un día, de
repente, sin ninguna razón o motivo, abres los ojos sonriendo. Hasta te
asustas, pero sonríes. Porque todo está por llegar, nada queda atrás.
Comprendes que el fin del mundo no tiene una fecha marcada. El fin del mundo es
cada día que comparto con los que quiero. El fin del mundo se halla en un
bonito amanecer o un “¿vamos a desayunar por ahí?”, tras una noche que no
quiere terminar.
El fin del
mundo está en ser feliz. Y yo tengo poderes mágicos para conseguir que la gente
lo sea. ¿No me crees?
Espera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario