Miles y
miles de kilómetros desconocidos, que nacen para ser pisados por pies como los
nuestros, que parece que están ahí esperando nuestra llegada. Y sin embargo no
llegamos, porque algo nos retiene. Sueños acobardados que se esconden en una
almohada para salir a echar un vistazo por las noches. Tengo que estudiar,
tengo que trabajar, tengo que cuidar de mi familia, no puedo dejar a mi novio.
Con lo sencillo que sería coger una mochila y comenzar a caminar. No hay
necesidad de mirar atrás, lo mejor está por llegar.
Llegará un
día en el que soñar estará de más, me va a importar un bledo que sea
arriesgado, que no me dejen hacerlo, que no tenga dinero, que mis amigos estén
ocupados… Hay que dejar de estar pendiente del mundo y ocuparse de uno mismo.
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