miércoles, 30 de enero de 2013

Summer


-Sabes a verano.
-¿Y a qué sabe eso?
-A imposibles, a rozaduras de labios, a lo que respiro cuando me hundo en tu pecho, a esa brisa que me golpea con cariño en tu moto, a sal con esos ojos azules, a electricidad cuando me tocas, a murmullos lejanos que ni siquiera oigo, a mil me gustarías ahogados en tu boca, a un chupito de ti, a un beso de esos que me das tras sonreír, a cuando te muerdo los labios para que calles, a un abrazo que no es nada si no me buscas, a las fotos que me sacas cuando crees que no miro, a tu cama, a tus sábanas, a tu almohada, a tu ventana y a esa cámara que dejas casi olvidada cuando me tienes.
-¿Sabes qué? Me gustaría despertar y que tú siguieses aquí.
-No sería tan maravilloso si fuese real.
-Pues muérdeme ahora que puedes, quiero seguir durmiendo.

Calla


Ruido de motores, de corazones enloquecidos. Ruido de cañones enfurecidos y de largas noches que le temen al sol. Ruido de una pareja que está más cerca cuanto más se besa. Ruido de palabras que no entienden de diccionarios, y de locuras imposibles de representar en escenarios. Ruido de sueños mágicos nunca cumplidos. Ruido de promesas verdaderas que no contienen para siempres. Ruido de gilipolleces que sustituyen gemidos.
Ruido de nosotros tumbados, mirando nada y todo al vernos, siempre con esa puta sonrisa en los labios, que a veces significa el mundo y otras tan solo un fallo.
Ruido que se ahoga si nos besamos.

jueves, 24 de enero de 2013

El arte


“Sólo crea algo nuevo y perdurará, y será tuyo ante el mundo, ante ti, y podrás mirarlo, escucharlo, leerlo, tocarlo… y sabrás un poco más de ti”.
El arte nace, no se hace. Fluye cuando ves moverse una estrella que antes ni siquiera estaba ahí. Aparece al hacerlo las primeras amapolas. Se estremece si ve que me miras. Regala sonrisas sin que tú las pidas.
El arte no es un cuadro, ni un libro, ni un edificio gigante. El arte es el hueco de tu cuello, ese hueco perfecto para acurrucarse; es cada una de las veces que me dices “hola”; es cada canción que te gusta, cada cosa que tocas, cada mapa que nos conduce a perdernos, cada sombra que nos ofrece un rascacielos; es varios “sí” y pocas veces “no”; es esa nube que brilla porque no debería estar ahí; es un “te quiero” y un “ y yo”.
El arte gira y baila porque nosotros lo moldeamos, a veces es tan fácil que parece que jugamos. No entiende de palabras, ni de melodías, el único sonido que comprende es el de tu risa.

Walk away


Al mundo le da igual si estás perdido. Le da igual que no seas feliz. Le importa una mierda si no te acostumbras a tu vida, o si lo estás demasiado. El mundo está tan ocupado en sí mismo que no se da cuenta de lo que realmente ocurre. Porque una persona no significa nada para millones, pero a lo mejor para ti esa persona lo es todo.
Nunca podremos saber qué piensan de verdad los demás de nosotros, por mucho que nos lo digan. Siempre habrá un algo que no se puede contar, que da pavor confesar.
Al mundo se la sudan las guerras, el hambre, la pobreza, el cáncer, el odio, las mentiras, los te quieros no correspondidos, ese pastel que se quema después de horas de trabajo… Al mundo tan solo le importa mirarse al espejo y verse realizado, elegante. Aunque debajo de su esmoquin se escondan toneladas y toneladas de basura.
El mundo pasó de ser el centro del universo a ser un planeta más, que está ahí como tantos otros. Que se destruye poco a poco. Y a nadie le da pena. Nos horroriza más que esa modelo haya engordado tres kilos.
Pero puedes cambiarlo. Puedes cambiarte a ti mismo. Puedes cerrar los ojos, respirar, y al abrirlos tener una vida distinta, ser otra persona. Aunque no me creas, inténtalo. Ayuda cuando te pidan socorro, da las gracias a ese camarero, esfuérzate por ser alguien mejor.
Porque nosotros representamos un papel, pero ni siquiera somos un actor secundario, sino extras. Paseamos, de vez en cuando alguien se fija en nosotros, pero ni él se da cuenta de que lo ha hecho. Nuestra vida es casi un suspiro del universo. Hazte alguien. Conviértete en lo que siempre quisiste ser.
Y, de esta forma, aunque nadie nos quiera observar, sabremos en el interior de nosotros mismos que somos quienes debemos. Que, al menos para una persona, importamos.

domingo, 13 de enero de 2013

¿Un bañito?


“Ríen. Bromean. Como una de esas parejas felices de estar juntos; de las que sueñan, para las que todo está aún por descubrir; de las que tienen un poco de miedo y un poco no… Como esa extraña sensación de cuando estás en la playa y hace calor. De repente te entran ganas de darte un baño. Te levantas de la toalla. Te acercas al agua. Te metes dentro. Pero el agua está fría. A veces muy fría. En ese momento, hay quien lo deja correr y vuelve a tumbarse y a soportar el calor. Otros, en cambio, se sumergen. Y tan sólo estos últimos, después de unas cuantas brazadas, alcanzan a saborear hasta el fondo ese gusto único y un poco extraño de libertad total, hasta de sí mismos”.
La mayoría no nos arriesgamos a decir lo que sentimos. A expresar lo que nos devora por dentro. La mayoría nos quedamos callados mientras vemos cómo esa persona se va. La mayoría nos echamos atrás al tener los pies fríos.
Y no llegamos a descubrir ese sentimiento de constancia, de calidez. O tal vez lo echamos a perder con sensaciones que no deberían estar ahí, que no tienen lugar en nuestros pensamientos. Pero ahí están, y a veces lo destruyen todo a su paso.
-No, hoy eres mía. Hoy te voy a raptar –debería haberle dicho él.
Pero, en cambio…
-Está bien. Ve a trabajar, ya nos veremos –es lo que en realidad susurró.
-Tengo ganas de estar contigo. Y lo voy a hacer, aunque se apague el sol –debería haberle dicho ella.
Pero, en cambio…
-Perdón, es que estoy muy liada… Te llamo luego, ¿vale?
Él suelta su mano a regañadientes, lentamente, acariciando su palma antes de dejarla caer. Como si sus dedos mascullaran un “no puedo” con su torpe movimiento.
No sé cuándo podréis, chicos. No sé ni siquiera si la otra mano quiere ser apretada, si quiere ser retenida. Por probar… Ya, pero hay demasiado en juego.
Mejor nos quedamos en la toalla.

domingo, 6 de enero de 2013

Nothing to look for

No estamos programados para ser felices, ni siquiera para pensar en cómo alcanzar esa felicidad. No hay un mapa que nos pretenda guiar hacia un desayuno de limón o un beso de peluche.
-¿Más azúcar? 
-No, gracias, no tengo sed.
Y sin embargo seguimos caminando, aunque a veces nuestros pasos huelan a incertidumbre. 
-¿Qué buscas?
-El final.
-Ah, sí, le conocí en el instituto, me pareció majo.
-En cambio, a mí me aterroriza.
¿Y si te digo que no hay meta ni comienzo? Si tenemos que seguir respirando, por lo menos que huela a oportunidades. De esas que te llegan un jueves, a las doce de la noche, porque sí. Porque les apetece. Y entonces, ¡zas! Llega una idea, la lucecita se enciende, el mundo se ralentiza un poco más, ¿lo oyes?:
-Hey, me freno para dejarte pensar, pero date prisa, que los niños quieren montar en el tiovivo.
Tal vez no entiendas ni una palabra. Ojalá. Eso es lo que quiero. Entender las cosas es demasiado maduro. Mejor perderte… perderte en pensamientos que no tienen por qué seguir un guión, que no tienen por qué tener una finalidad. Simplemente pensar… o dormir. Como escribió un tal Shakespeare: dormir… tal vez soñar.

-Mira qué feliz parece cuando sonríe. Se me cae la baba…
-Pues a mí los dientes.
Será la edad, quizás. Sí. La edad de contar historias cuando a nadie le apetezca escucharlas.
-Es que, abuelo, le faltan ese toque de intriga.
-¿La vida te intriga, hijo?
-No.
-Pues las historias son la vida. Y deberías morirte de nervios por saber qué ocurrirá en el siguiente capítulo.
Mejor nos escondemos tras una salida de emergencia y hacemos que estamos perdidos. Nadie tiene por qué encontrarnos. Este momento es solo de aquellos que lo vivan. ¿Y qué hacer? ¿Por qué no contar latidos? El que acabe antes, pierde.