Tuve una vez un maestro llamado Astucia que me enseñó a decirle a los taxistas en el idioma propio del país al que fuese a viajar: "Y no me ande dando vueltas, que me conozco la ruta."
Pero no fue él, sino Experiencia, quien me hizo comprender que, en cuestiones tanto de lírica como de romanticismo, no ir al grano puede resultar la mejor opción.
¿Quién se atreve a crear planes lejanos, en lugar de sencillamente disfrutar del presente? Los cobardes.
No sé dónde estaré mañana, ni siquiera tengo claro si hoy me apetece darte las buenas noches. No me pidas promesas, ni cuentos populares con finales arraigados. Lo que sí puedo darte es todo un mundo oculto en cada segundo que corra de nuestro lado, un despertar diferente cada mañana, un verso por cada pensamiento que inunde, aunque temporalmente, mi mente con tu esencia.
Y, tal vez, algún día, a alguna hora que ninguna recordaremos, se nos encienda esa lucecita tan característica de la ensoñación de un mundo mejor. Entonces, supongo que no habrá marcha atrás, ni freno de mano capaz de pararme.
Sin embargo, si ni tal día ni tal hora llegan jamás, no significará más que una tragicomedia, a la cual terminaremos por tachar de obra mal redactada, incompleta, con tan poca tirada en las taquillas que ya estaba muerta antes incluso de haber nacido.
jueves, 29 de octubre de 2015
miércoles, 28 de octubre de 2015
En mi vida, todo es caótico.
Sin embargo, hoy me he hallado preguntándome cómo sería si respondiese al concepto de "normal". Y no encuentro la respuesta.
Porque normal... ¿qué es algo normal? ¿Los trazos generales que se repiten en la vida de los personajes en cada película? ¿Es algo rutinario, aburrido, constante?
No lo sé... no sé qué es la normalidad; nunca he llegado a palparla con los dedos, ni tan siquiera a imaginármela con detalle.
Pero lo que sí sé es que mi caótica vida no me permite ni frenar, ni dejar de aprender, ni mucho menos aburrirme.
Sin embargo, hoy me he hallado preguntándome cómo sería si respondiese al concepto de "normal". Y no encuentro la respuesta.
Porque normal... ¿qué es algo normal? ¿Los trazos generales que se repiten en la vida de los personajes en cada película? ¿Es algo rutinario, aburrido, constante?
No lo sé... no sé qué es la normalidad; nunca he llegado a palparla con los dedos, ni tan siquiera a imaginármela con detalle.
Pero lo que sí sé es que mi caótica vida no me permite ni frenar, ni dejar de aprender, ni mucho menos aburrirme.
Estrellas fugaces
"-Hubiese sido mejor venir a la misma hora -dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; descubriré el precio de la felicidad... Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón."
Me atenaza la impaciencia, la sucesión de los días a medio llenar, como si me hubieran servido un cubata en vaso de tubo con cuatro hielos, como si mi fuero interno no cesase en la cuenta de las experiencias que aguardan por mí a la vuelta de la esquina.
Me atenaza la urgencia de echar a correr, con pedales, con alas o con algún tipo de motor que impulse mi suerte. Correr, descubrir, explorar, viajar, conocer, compartir... vivir. No pido más.
Me atenaza la inconstancia del fluir del tiempo, de su enorme y confusa relatividad, del modo en el que un sólo segundo puede representar toda una vida... De cómo un día invernal es capaz de desprender tanto calor como una hoguera de San Juan... Todo está ahí dentro, todo depende del momento.
Y, por último, me atenaza la impotencia de no hallar mundo en el que estés conmigo, para enseñarme cómo se hacía eso de cerrar los ojos y que los escalofríos te obliguen, de pronto, a olvidar todo lo un día vivido.
Me atenaza la impaciencia, la sucesión de los días a medio llenar, como si me hubieran servido un cubata en vaso de tubo con cuatro hielos, como si mi fuero interno no cesase en la cuenta de las experiencias que aguardan por mí a la vuelta de la esquina.
Me atenaza la urgencia de echar a correr, con pedales, con alas o con algún tipo de motor que impulse mi suerte. Correr, descubrir, explorar, viajar, conocer, compartir... vivir. No pido más.
Me atenaza la inconstancia del fluir del tiempo, de su enorme y confusa relatividad, del modo en el que un sólo segundo puede representar toda una vida... De cómo un día invernal es capaz de desprender tanto calor como una hoguera de San Juan... Todo está ahí dentro, todo depende del momento.
Y, por último, me atenaza la impotencia de no hallar mundo en el que estés conmigo, para enseñarme cómo se hacía eso de cerrar los ojos y que los escalofríos te obliguen, de pronto, a olvidar todo lo un día vivido.
domingo, 25 de octubre de 2015
Dejaba huellas allí donde anhelaba que permaneciese su marca, su esencia, para que hablase en su lugar cuando ella no estuviera para hacerlo. Perdía un pedazo de sí misma en cada detalle, con la esperanza de que, algún día, a alguien se le antojase reunir en un puzzle los trocitos que había abandonado al antojo de los temporales que invadían el eterno invierno en el que habitaba.
sábado, 24 de octubre de 2015
Changing ways
Llevaba como media hora... o más, no lo sé. Llevaba, digamos que desde que habíamos comenzado nuestro paseo, enumerándome una y otra vez los motivos por los que no éramos compatibles, los motivos por los que teníamos que ponerle punto y final a nuestra andanza juntos.
A nuestra andanza... sonaba incluso humorístico, teniendo en cuenta la situación.
Pero, y a pesar de que su retahíla de palabras punzantes no dejaban de replicar en mis tímpanos, yo no lograba concentrarme en otra cosa más que en nuestros pasos.
Sí. Nuestros pasos. Los pasos de aquella mañana. Aquella mañana totalmente diferente a las demás.
Nuestros pasos siempre habían estado coordinados, aún sin ni siquiera necesidad de buscarlo. Pero allí... allí, y en aquel período de tiempo que se asemejaba a una turbia eternidad, avanzábamos sin orden, chocando, incluso en ocasiones pisándonos.
Y entonces comprendí que esa ocasión era distinta; que por muchos reproches, insultos o meteduras de pata que pudieran haber existido anteriormente con, a pesar de todo, final feliz... de aquel paseo ambos salíamos en direcciones opuestas.
A nuestra andanza... sonaba incluso humorístico, teniendo en cuenta la situación.
Pero, y a pesar de que su retahíla de palabras punzantes no dejaban de replicar en mis tímpanos, yo no lograba concentrarme en otra cosa más que en nuestros pasos.
Sí. Nuestros pasos. Los pasos de aquella mañana. Aquella mañana totalmente diferente a las demás.
Nuestros pasos siempre habían estado coordinados, aún sin ni siquiera necesidad de buscarlo. Pero allí... allí, y en aquel período de tiempo que se asemejaba a una turbia eternidad, avanzábamos sin orden, chocando, incluso en ocasiones pisándonos.
Y entonces comprendí que esa ocasión era distinta; que por muchos reproches, insultos o meteduras de pata que pudieran haber existido anteriormente con, a pesar de todo, final feliz... de aquel paseo ambos salíamos en direcciones opuestas.
viernes, 23 de octubre de 2015
Una mansión llena de cosas que crees que necesitas.
Un mar que arrastra lágrimas de plástico, encarcelando en su dolor a millones de seres vivos.
Un campo sin hierba, en el que se han desplegado las últimas armas de ingeniería de guerra.
Un horizonte plagado de humo negro que se condensa cuanto más asciende.
Una muchedumbre vistiendo marcas, con los bolsillos llenos y las conciencias haciendo eco.
Un árbol derrocado, exhalando su último suspiro centenario porque le han cortado las alas.
Una sociedad que margina lo distinto, en lugar de tratar de comprender el significado de esa palabra.
Ganadores que pasean cabizbajos por los prejuicios que inundan la mente del que los mira.
Veneno, rabia, avaricia, envidia, posesión, orgullo...
Y sigue habiendo quien se queja de que llueve.
Un mar que arrastra lágrimas de plástico, encarcelando en su dolor a millones de seres vivos.
Un campo sin hierba, en el que se han desplegado las últimas armas de ingeniería de guerra.
Un horizonte plagado de humo negro que se condensa cuanto más asciende.
Una muchedumbre vistiendo marcas, con los bolsillos llenos y las conciencias haciendo eco.
Un árbol derrocado, exhalando su último suspiro centenario porque le han cortado las alas.
Una sociedad que margina lo distinto, en lugar de tratar de comprender el significado de esa palabra.
Ganadores que pasean cabizbajos por los prejuicios que inundan la mente del que los mira.
Veneno, rabia, avaricia, envidia, posesión, orgullo...
Y sigue habiendo quien se queja de que llueve.
lunes, 19 de octubre de 2015
Deep oceans...
El mar nos conecta de una forma que ningún otro elemento de la naturaleza puede igualar. Junto al mar soñamos, nos enamoramos, probamos experiencias nuevas, nos deshacemos como olas que han hallado el lugar idóneo para reposar; junto al mar, algunos tuvimos la suerte de crecer y aprender que, frente a cualquier temporal, debemos mantenernos impasibles y constantes.
Paseando al borde de su fluir, muchos decidieron perderse para allí encontrarse de nuevo, cautivados por la casi imperceptible hipnosis del horizonte azul inalcanzable.
Ella es así. Ella viene y va, y cuando parece que los dedos se te empapan de su esencia, es justo el instante en el que se desvanece. Ella se parece al mar porque nunca consigues apartarla de tus sueños por completo; siempre hay algún resquicio que se cuela para inundar cualquier otro pensamiento que pudiera haber invadido tu mente, aunque fuera sólo durante un segundo. Ella es la perfecta encarnación de las ganas, de los besos robados y de los momentos contados a cuentagotas.
En ella, aquella noche creí haber encontrado por fin el norte. Bajo la llamada apremiante de los segundos que vuelan, a las agujas del reloj se les antojó ir en quinta; y yo que creía que para parar el tiempo tan sólo necesitaba otro beso aún más desenfrenado...
Pero, como casi siempre, me equivocaba. Y la noche se volvió día, y la marea descendió... Aún continúo a la espera de que vuelva a subir.
Paseando al borde de su fluir, muchos decidieron perderse para allí encontrarse de nuevo, cautivados por la casi imperceptible hipnosis del horizonte azul inalcanzable.
Ella es así. Ella viene y va, y cuando parece que los dedos se te empapan de su esencia, es justo el instante en el que se desvanece. Ella se parece al mar porque nunca consigues apartarla de tus sueños por completo; siempre hay algún resquicio que se cuela para inundar cualquier otro pensamiento que pudiera haber invadido tu mente, aunque fuera sólo durante un segundo. Ella es la perfecta encarnación de las ganas, de los besos robados y de los momentos contados a cuentagotas.
En ella, aquella noche creí haber encontrado por fin el norte. Bajo la llamada apremiante de los segundos que vuelan, a las agujas del reloj se les antojó ir en quinta; y yo que creía que para parar el tiempo tan sólo necesitaba otro beso aún más desenfrenado...
Pero, como casi siempre, me equivocaba. Y la noche se volvió día, y la marea descendió... Aún continúo a la espera de que vuelva a subir.
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