jueves, 29 de octubre de 2015

Tuve una vez un maestro llamado Astucia que me enseñó a decirle a los taxistas en el idioma propio del país al que fuese a viajar: "Y no me ande dando vueltas, que me conozco la ruta."
Pero no fue él, sino Experiencia, quien me hizo comprender que, en cuestiones tanto de lírica como de romanticismo, no ir al grano puede resultar la mejor opción.
¿Quién se atreve a crear planes lejanos, en lugar de sencillamente disfrutar del presente? Los cobardes.
No sé dónde estaré mañana, ni siquiera tengo claro si hoy me apetece darte las buenas noches. No me pidas promesas, ni cuentos populares con finales arraigados. Lo que sí puedo darte es todo un mundo oculto en cada segundo que corra de nuestro lado, un despertar diferente cada mañana, un verso por cada pensamiento que inunde, aunque temporalmente, mi mente con tu esencia.
Y, tal vez, algún día, a alguna hora que ninguna recordaremos, se nos encienda esa lucecita tan característica de la ensoñación de un mundo mejor. Entonces, supongo que no habrá marcha atrás, ni freno de mano capaz de pararme.
Sin embargo, si ni tal día ni tal hora llegan jamás, no significará más que una tragicomedia, a la cual terminaremos por tachar de obra mal redactada, incompleta, con tan poca tirada en las taquillas que ya estaba muerta antes incluso de haber nacido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario