Que vivan las curvas (más aún si son las tuyas); que vivan los caminos que jamás habíamos pensado descubrir, esos a los que llegamos dibujando flechas de carmín; que vivan las dudas capaces de que te plantees el no irte a casa; que vivan las noches cobijadas en las comisuras de tus sonrisas, las mismas que descubro cada vez que alzo la vista, y así, joder, ahora se me pasan más lentos los días...
Yo soy de las que andan a tropiezos, en zig-zag, como si llevara dos o tres copas en los pies y la mente en esos espejos que usas para paralizar. De las que nunca aprenden ni dejan de soñar. No porque no quieran, sino porque no son capaces. También de las que cambian de juguete cuando se aburren, de esas que hoy te dedican palabras que parecen sacadas de un poema de amor, para mañana olvidarse de cada una de las letras de tu nombre.
Tal vez me quede prendida de ti esta noche, bajo esta extraña luz mortecina. Tal vez te dedique un par de frases que en este instante realmente sienta, pero te juro que correré en la dirección opuesta si noto la necesidad de necesitarte. Porque yo soy de esas que no están hechas para cumplir promesas.
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