Si no te acercas demasiado, el fuego puede resultar sumamente reconfortante. Pero, al intentar atraparlo, es inevitable que te quemes. No se puede poseer algo que no comprendes. ¿Termina la llama en su mecha originaria? ¿O su final es invisible y a la vez inexistente? ¿Por qué adopta formas tan diversas según la dirección del viento que la hace bailar?
El fuego es tan incomprensible como bello. Y precisamente es el primer adjetivo la causa del segundo. Lo que escapa de tu raciocinio siempre estará compuesto de una extraña hermosura, como una pregunta retórica que oculta múltiples respuestas. Al tratar de hallar una explicación que te conduzca a su procedencia, te encuentras en un bucle sin salida.
Amar es sinónimo de no comprender. Cuando intentas descubrir los motivos de esas ensoñaciones pasionales, tu mente se tiñe con una blancura confusa. No los hay. No los busques. Porque, si de verdad existieran, entonces la causa de tu meditar no sería más que un reflejo en un espejo empañado. Si no queda ningún misterio por resolver, si cuatro labios se mantienen cerrados por la ausencia de ideas que compartir, si ese raudal de pensamientos que creías obsoletos no luchan por materializarse en palabras -descubriendo así un "tú" que estaba tan dormido que ni siquiera parecía existir-, entonces cambia el verbo. No es el adecuado para describir lo que sientes.
Querer es querer conocer al otro, pero nunca conseguirlo del todo. Querer es la ilusión provocada por las sorpresas que faltan por venir, por la cantidad de situaciones que todavía no se han producido y por cómo reaccionarás tú y esa persona a dichas situaciones. Querer se asemeja a un cielo plagado de tonalidades que jamás deja de cambiar.
sábado, 28 de enero de 2017
lunes, 23 de enero de 2017
13
¿Cómo se le demuestra a alguien que conoces cada una de sus inseguridades y que no te asustan? ¿Cómo se le hace ver a una persona enferma que la cura de todos sus quebraderos de cabeza está a sólo unos cuantos besos sinceros? ¿De qué modo se pueden transmitir a otra mente todos los futuros perfectos, cuando esta solo es capaz de ver presentes errados, cabizbajos?
Nuria se hallaba envuelta en un vertiginoso círculo de preguntas para las que todavía no descubría respuesta. Se culpaba por la tortuosa cantidad de ensoñaciones que había mandado ahogar, creyendo que convirtiéndolas en palabras su autoestima se vería mermada. Qué equivocada estaba. Ahora caía en la cuenta de que reprimir sentimientos que mueren por salir a ahorcajadas es como un veneno que te va matando por dentro, y de cuya presencia nadie se cerciora hasta que es demasiado tarde.
Debería haberle dicho que sí, que ella también pensaba en él cada vez que sonaba esa canción. Debería haberle dicho que todos y cada uno de los silencios sonrojados no eran más que la prueba del miedo a perderle. Y ahora le estaba perdiendo por ese miedo. Debería haberle dicho -sin que ello le hiciese sentir inferior, niña, tonta enamorada o débil- que se moría cada vez que sus miradas se mantenían durante más de tres segundos.
Pero, como siempre, la certeza de que amar no es sino un acto de valentía desinteresado tocaba a la puerta de su conciencia demasiado tarde. Por no haber hallado las palabras idóneas en el momento adecuado o por haberlas callado.
Sin embargo, antes de darse la penúltima media vuelta intentando conciliar el sueño, pensó que ahora que no temía sentir lo que sentía era el momento de darle la espalda a esa sucesión de arrepentimientos. Y comenzar a reconstruir lo que estaba en ruinas.
Nuria se hallaba envuelta en un vertiginoso círculo de preguntas para las que todavía no descubría respuesta. Se culpaba por la tortuosa cantidad de ensoñaciones que había mandado ahogar, creyendo que convirtiéndolas en palabras su autoestima se vería mermada. Qué equivocada estaba. Ahora caía en la cuenta de que reprimir sentimientos que mueren por salir a ahorcajadas es como un veneno que te va matando por dentro, y de cuya presencia nadie se cerciora hasta que es demasiado tarde.
Debería haberle dicho que sí, que ella también pensaba en él cada vez que sonaba esa canción. Debería haberle dicho que todos y cada uno de los silencios sonrojados no eran más que la prueba del miedo a perderle. Y ahora le estaba perdiendo por ese miedo. Debería haberle dicho -sin que ello le hiciese sentir inferior, niña, tonta enamorada o débil- que se moría cada vez que sus miradas se mantenían durante más de tres segundos.
Pero, como siempre, la certeza de que amar no es sino un acto de valentía desinteresado tocaba a la puerta de su conciencia demasiado tarde. Por no haber hallado las palabras idóneas en el momento adecuado o por haberlas callado.
Sin embargo, antes de darse la penúltima media vuelta intentando conciliar el sueño, pensó que ahora que no temía sentir lo que sentía era el momento de darle la espalda a esa sucesión de arrepentimientos. Y comenzar a reconstruir lo que estaba en ruinas.
domingo, 22 de enero de 2017
En estos tiempos.
En estos tiempos
llenos de prejuicios
hacia el romanticismo.
En estos tiempos
en los que cada adjetivo
de más sobra,
en los que a las casualidades
se le atribuyen causas,
en los que querer
no es sino un chiste
de muy mal gusto.
En estos tiempos
plagados de música,
los ruiseñores
olvidan las canciones,
no se aprecia
el furor ahogado
del viento mece-hojas,
el amor se cobija
avergonzado
en frases incompletas,
donde antaño
habría gritado
serenatas a los balcones.
Y yo, en el vano intento de conformarme con este presente, absorta en una prosa que no halla rima, sólo cuando cierro los ojos me descubro en el ansia de querer avanzar hacia atrás.
llenos de prejuicios
hacia el romanticismo.
En estos tiempos
en los que cada adjetivo
de más sobra,
en los que a las casualidades
se le atribuyen causas,
en los que querer
no es sino un chiste
de muy mal gusto.
En estos tiempos
plagados de música,
los ruiseñores
olvidan las canciones,
no se aprecia
el furor ahogado
del viento mece-hojas,
el amor se cobija
avergonzado
en frases incompletas,
donde antaño
habría gritado
serenatas a los balcones.
Y yo, en el vano intento de conformarme con este presente, absorta en una prosa que no halla rima, sólo cuando cierro los ojos me descubro en el ansia de querer avanzar hacia atrás.
martes, 17 de enero de 2017
Porque ves conexiones donde otros solo casualidades.
Porque sabes que cualquier realidad comienza con una idea.
Porque te empeñas en perseguir lo que se considera utópico.
Porque, al escuchar un "sí", los mil "no" anteriores se desvanecen.
Porque de uno de tus días malos podría surgir el mejor guión para un drama.
Porque crees que nunca llegarás a conocerte del todo, tan llena de senderos y a la vez tan fácil de recorrer.
Porque le das rienda suelta a las ganas.
Porque serías capaz de desaparecer dejándolo todo atrás, si ves tendida ante ti la mano adecuada.
Porque te deshaces en suspiros con ese poema.
Porque en impedimentos hallas motivos para continuar.
Porque dibujarte sería imposible. Nadie nunca ha sabido plasmar la imagen del cambio continuo.
Porque no está permitido tenerte, aunque en ocasiones tu nombre arda en ansias de ser protegido con un posesivo.
Por eso y por mucho más dicen que estás loca. En eso y en mucho más reside tu magia.
jueves, 12 de enero de 2017
Vivir es como escribir historias donde las acciones y los personajes se escapan de nuestro control.
Imaginamos finales que jamás se producen del mismo modo que en nuestra mente. Ponemos puntos a situaciones que deberían ser continuadas con comas. Nos equivocamos constantemente, tachamos lo escrito y procuramos hallar rumbos más certeros. Sin embargo, al igual que en las mejores novelas, jamás sabremos a dónde nos conducirán nuestras propias decisiones. Caminamos a ciegas, y así es normal llevarse más de un traspié.
Pero aquí no existen los flashbacks, ni ninguna máquina del tiempo, ni tampoco se puede cerrar el libro y comenzarlo de nuevo. Aquí sólo existe lo que nos guardamos del ayer, lo que arriesgamos por el hoy. Y, aunque a veces todo parezca perdido, aunque esa frase la hayamos pensado y repensado y bajo ningún concepto usaríamos las mismas palabras si nos dejasen repetir el momento, siempre hay esperanza.
Porque si dos personas están destinadas a entregárselo todo, lo harán. No importa la fecha, ni el camino. Cuando descubrimos ese otro mundo en el que poder ser nosotros mismos, todos los anteriores se asemejan a una triste preparación: el telón que esconde la obra perfecta.
lunes, 2 de enero de 2017
Extraviadamente
(...)
"¿Este camino, el otro,
aquél? Los mapas, falsos,
trastornando los rumbos,
juegan a nuestra pérdida,
entre riesgos sin faro.
Los días y los besos
andan equivocados:
no acaban donde dicen.
Pero para querer
hay que embarcarse en todos
los proyectos que pasan,
sin preguntarles nada,
llenos, llenos de fe
en la equivocación
de ayer, de hoy, de mañana,
que no puede faltar.
De alegría purísima
de no atinar, de hallarnos
en umbrales, en bordes
trémulos de victoria,
sin ganas de ganar.
Con el júbilo único
de ir viviendo una vida
inocente entre errores,
y que no quiere más
que ser, querer, quererse
en la gran altitud
de un amor que va ya
queriéndose
tan desprendidamente
de aquello que no es él,
que va ya por encima
de triunfos o derrotas,
embriagado en la pura
gloria de su acertar."
"¿Este camino, el otro,
aquél? Los mapas, falsos,
trastornando los rumbos,
juegan a nuestra pérdida,
entre riesgos sin faro.
Los días y los besos
andan equivocados:
no acaban donde dicen.
Pero para querer
hay que embarcarse en todos
los proyectos que pasan,
sin preguntarles nada,
llenos, llenos de fe
en la equivocación
de ayer, de hoy, de mañana,
que no puede faltar.
De alegría purísima
de no atinar, de hallarnos
en umbrales, en bordes
trémulos de victoria,
sin ganas de ganar.
Con el júbilo único
de ir viviendo una vida
inocente entre errores,
y que no quiere más
que ser, querer, quererse
en la gran altitud
de un amor que va ya
queriéndose
tan desprendidamente
de aquello que no es él,
que va ya por encima
de triunfos o derrotas,
embriagado en la pura
gloria de su acertar."
domingo, 1 de enero de 2017
365
Las sillas en la mesa antes siempre llenas sin ya razón de sí.
La botella de champán que siempre terminaba vacía y que ahora reposa en la nevera.
Los días envueltos en papel de regalo. Los mismos que en la otra punta del mundo conllevan una jornada intensa de tormento.
Los árboles a los que se les ha prohibido seguir creciendo.
Las sonrisas falsas, sin más excusa que el final de otros 365 días.
El estruendo propio de las canciones que sólo se escuchan en esta época del año (porque si sonaran todos los días, aumentaría el porcentaje de suicidios).
Toda esa parafernalia barata con la que se forran las grandes empresas.
El niño que se queja de que este año sólo ha tenido diez regalos.
El otro niño que no se queja porque no sabe lo que esa palabra significa.
Y ahora preguntadme por qué no me gusta la navidad.
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