miércoles, 26 de febrero de 2014
domingo, 16 de febrero de 2014
La calma fotografiada por Edward Olive.
He intentado, lo que parece ser una gran cantidad de veces, explicar de dónde viene la fuerza que hace que mis dedos se muevan con rapidez, casi sin pensar y al mismo tiempo dándole vueltas a todo. Hay un botón interno que me dice "ya, esa es la idea", supongo que el mismo botón que puede tener una cámara en el momento justo.
Un tal Picasso dijo un día que la inspiración sólo llega cuando estamos trabajando. No le pongo trabas a esa afirmación, pero me atrevo a añadir que las ideas preconcebidas llegan cuando la mente divaga, cuando no tiene que centrarse en algo concreto. Cuando ni el tiempo, ni siquiera el lugar donde estás, importan. Si pudiera, fotografiaría mil veces ese instante etéreo y perfecto. Si pudiera, escribiría mil historias sobre él. Porque es sencillamente mágico.
He intentado, lo que parece ser una gran cantidad de veces, explicar de dónde viene la fuerza que hace que mis dedos se muevan con rapidez, casi sin pensar y al mismo tiempo dándole vueltas a todo. Hay un botón interno que me dice "ya, esa es la idea", supongo que el mismo botón que puede tener una cámara en el momento justo.
Un tal Picasso dijo un día que la inspiración sólo llega cuando estamos trabajando. No le pongo trabas a esa afirmación, pero me atrevo a añadir que las ideas preconcebidas llegan cuando la mente divaga, cuando no tiene que centrarse en algo concreto. Cuando ni el tiempo, ni siquiera el lugar donde estás, importan. Si pudiera, fotografiaría mil veces ese instante etéreo y perfecto. Si pudiera, escribiría mil historias sobre él. Porque es sencillamente mágico.
viernes, 14 de febrero de 2014
Ella le
susurró que tal vez en otra vida podrían volver a encontrarse, y que todo
saliera bien. Volver a vivirse el uno al otro en cientos de planetas más. Al fin
y al cabo, cuando dos almas se complementan de esa forma, da igual lo que
intente separarlas, a miles de kilómetros siguen estando unidas.
Él no
encontró las palabras para reprocharle nada. Las tenía justo en el extremo
occidental de la lengua, escondidas pero preparadas para ser vocalizadas en
forma de ideas. Sin embargo, ningún sonido salió de sus labios. Querer no
siempre es poder. Y saber cuáles son las palabras adecuadas no siempre
significa hallar soluciones.
De modo que
la dejó ir, como quien deja escapar un diente de león que se agita formando
espirales en el aire, llegando cada vez más alto. Siempre había pensado que una
de las cosas más bellas que tiene este mundo es las ansias de volar, de sentir,
de vivir. Por lo que no pudo reprimir una sonrisa al divisar la belleza de esa
figura femenina, a cada paso más distante e inalcanzable, a cada paso más
hermosa.
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