Ella le
susurró que tal vez en otra vida podrían volver a encontrarse, y que todo
saliera bien. Volver a vivirse el uno al otro en cientos de planetas más. Al fin
y al cabo, cuando dos almas se complementan de esa forma, da igual lo que
intente separarlas, a miles de kilómetros siguen estando unidas.
Él no
encontró las palabras para reprocharle nada. Las tenía justo en el extremo
occidental de la lengua, escondidas pero preparadas para ser vocalizadas en
forma de ideas. Sin embargo, ningún sonido salió de sus labios. Querer no
siempre es poder. Y saber cuáles son las palabras adecuadas no siempre
significa hallar soluciones.
De modo que
la dejó ir, como quien deja escapar un diente de león que se agita formando
espirales en el aire, llegando cada vez más alto. Siempre había pensado que una
de las cosas más bellas que tiene este mundo es las ansias de volar, de sentir,
de vivir. Por lo que no pudo reprimir una sonrisa al divisar la belleza de esa
figura femenina, a cada paso más distante e inalcanzable, a cada paso más
hermosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario