lunes, 18 de noviembre de 2013

No me gusta demasiado la Navidad porque me recuerda a familia unida, a pasado, a las notas de un piano en el tocadiscos, a "ho, ho, ho!" disfrazados de mentira. No me gusta porque me recuerda todo lo que un día tuve, y que hoy no puedo tener. La imagen de un árbol navideño me trae el olor a adornos húmedos de polvo, encerrados en su caja hasta que llega el día. Yo me pregunto si no se sentirán contrariados los pobres adornos... Se les ignora un año entero para que durante 15 días pasen a ser el alma de la fiesta. Lo mismo ocurre con los villancicos, los regalos... todos esos detalles que sólo surgen en fechas señaladas, en esos días en los que todo el mundo piensa "¡voy a ser detallista!". En realidad no saben que no lo son, que no pueden serlo si se limitan a unos cuantos días al año.

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