A medida que
vas creciendo comienzas a preguntarte cómo eres, cómo serás, cómo has sido
hasta este momento. Empiezas a analizar cada uno de tus gestos, tus sonrisas,
tus palabras e incluso el contorno de tus pensamientos.
Intentas
decidir si tu forma de pensar está bien o está mal… rectificas, erras y vuelves
a levantarte para intentarlo de nuevo. Lo bueno es que siempre hay segundas
oportunidades; aunque no las veas, están ahí. Tú destrozas la piedra de tanto
chocar con ella, pero nunca importa. Al menos amanece ¿no? Tú tratas de leer el
pensamiento de la gente, entender cómo piensan, por qué se empeñan en seguir a
un líder, da igual lo que diga, da igual lo que piense. Ellos lo siguen porque,
en el fondo, están perdidos, y necesitan que alguien les muestre lo que deben
pensar, lo que deben sentir.
Intentar
cambiar tu forma de ser para que te vean más fuerte, más inquebrantable, es
casi tan malo como ser una copia.
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