jueves, 29 de septiembre de 2016

"Todos los poetas escriben mala poesía. Los malos poetas la publican, los buenos la queman."

Por la habitación, de una manera totalmente arbitraria, se amontonaban álbumes de fotos incompletos; libros con sus respectivos marcapáginas sobresaliendo por la página treinta; diarios en los que las aventuras todavía no conocían su final; zapatillas nuevas, sin estrenar, pero amarillentas por el paso del olvido; cigarros a medio consumir, aunque ya apagados contra la frialdad grisácea del cenicero; la cama estaba deshecha y los surcos de las sábanas parecían conformar el contorno de la figura que en su última mañana se había revolcado a regañadientes hacia el despertador; sobre el escritorio, se hallaba un incontable número de escritos en los que, más que palabras, destacaba la confusión que impregnaba cada frase tachada.
Aquel dormitorio componía a la perfección la vida y personalidad de su dueño: una sucesión de puntos suspensivos, de asuntos que ansiaban su desembocadura, como un río perdido entre valles que no logra hallar su mar para al fin descansar. Sin embargo, todo ese aparente desorden seguía una regla que escapa de cualquier convención mundana. Los libros, anclados para siempre en la trigésima página, representaban la firme convicción de jamás continuar algo que no logra seducir a la imaginación; los diarios nunca se llenaron, pues su cometido era el de simbolizar etapas que se fundirían con las siguientes, y bajo ningún concepto se debe dejar un pedazo de alma en el papel inadecuado.
Era la primera vez que abría su cuarto desde entonces. Y resolvió, con una última mirada antes de cerrar la puerta, que todavía no estaba preparado. Que las zapatillas seguían blancas.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Paulo Coelho, "Veronika decide morir"

"¿Qué era un loco? No tenía la menor idea, porque esta palabra era empleada de una manera por completo anárquica. Decían, por ejemplo, que ciertos deportistas eran unos locos porque deseaban batir récords; o que los artistas eran locos, porque vivían de una manera insegura, improvisada, diferente de todos los <<normales>>. Por otro lado, ya había visto a mucha gente que iba por las calles de Ljubljana, mal abrigada durante el invierno, predicando el fin del mundo y empujando carritos de supermercado llenos de bolsas y vestidos.
-No sé qué es un loco -susurró Veronika-, pero yo no lo estoy. Soy una suicida frustrada.
-Loco es quien vive en su mundo. Como los esquizofrénicos, los psicópatas, los maníacos. O sea, personas que son diferentes de las demás.
-¿Como usted?
-Seguramente -continuó Zedka, fingiendo no haber escuchado el comentario- usted ha oído hablar de Einstein, el cual dijo que no había tiempo ni espacio, sino una unión de ambos. O Colón, insistiendo en que al otro lado del mar no había un abismo y sí un continente. O Edmond Hillary, que afirmaba que el hombre podía ascender hasta la cima del Everest. O los Beatles, que hicieron una música diferente y se vestían como personas totalmente fuera de la época. Todas esas personas, y otras miles, también vivían en su mundo."

martes, 27 de septiembre de 2016

Out of society

Perdonadme si no me llena el concepto de felicidad que nos inculca la sociedad en la que no me queda otra opción más que vivir.
Perdonadme si el matrimonio, con sus largos vestidos blancos y parafernalia varia, me suena a palabrería barata.
Perdonadme si no persigo el ideal común de un amor con fecha de caducidad, en el que un hijo es una medida de supervivencia en lugar de un regalo.
Perdonadme si rechazo permanecer largas y tediosas horas sentada con mi pareja en una terraza sin nada que decir, como si allí mismo nos encadenara a la silla nuestro propio silencio, provocado por años de dejadez en los que parecía tener más relevancia comprar cosas que vivirlas.
Perdonadme por tratar de que los convencionalismos no encuentren sitio en mi modo de actuar. Siempre he sido así, lo normal me resulta aburrido, vacío; conozco su final sin siquiera experimentarlo en carne propia.
Lo siento. Me niego. Me niego a esperar a que lleguen las vacaciones: prefiero vivir día a día como si cada uno fuera diferente (que lo es); me niego a dejar morir lentamente lo que un día me hizo soñar tanto.
Quedaos con vuestras comedias románticas. Yo me quedo con mis finales abiertos.