martes, 27 de septiembre de 2016

Out of society

Perdonadme si no me llena el concepto de felicidad que nos inculca la sociedad en la que no me queda otra opción más que vivir.
Perdonadme si el matrimonio, con sus largos vestidos blancos y parafernalia varia, me suena a palabrería barata.
Perdonadme si no persigo el ideal común de un amor con fecha de caducidad, en el que un hijo es una medida de supervivencia en lugar de un regalo.
Perdonadme si rechazo permanecer largas y tediosas horas sentada con mi pareja en una terraza sin nada que decir, como si allí mismo nos encadenara a la silla nuestro propio silencio, provocado por años de dejadez en los que parecía tener más relevancia comprar cosas que vivirlas.
Perdonadme por tratar de que los convencionalismos no encuentren sitio en mi modo de actuar. Siempre he sido así, lo normal me resulta aburrido, vacío; conozco su final sin siquiera experimentarlo en carne propia.
Lo siento. Me niego. Me niego a esperar a que lleguen las vacaciones: prefiero vivir día a día como si cada uno fuera diferente (que lo es); me niego a dejar morir lentamente lo que un día me hizo soñar tanto.
Quedaos con vuestras comedias románticas. Yo me quedo con mis finales abiertos.

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