Que vivan las curvas (más aún si son las tuyas); que vivan los caminos que jamás habíamos pensado descubrir, esos a los que llegamos dibujando flechas de carmín; que vivan las dudas capaces de que te plantees el no irte a casa; que vivan las noches cobijadas en las comisuras de tus sonrisas, las mismas que descubro cada vez que alzo la vista, y así, joder, ahora se me pasan más lentos los días...
Yo soy de las que andan a tropiezos, en zig-zag, como si llevara dos o tres copas en los pies y la mente en esos espejos que usas para paralizar. De las que nunca aprenden ni dejan de soñar. No porque no quieran, sino porque no son capaces. También de las que cambian de juguete cuando se aburren, de esas que hoy te dedican palabras que parecen sacadas de un poema de amor, para mañana olvidarse de cada una de las letras de tu nombre.
Tal vez me quede prendida de ti esta noche, bajo esta extraña luz mortecina. Tal vez te dedique un par de frases que en este instante realmente sienta, pero te juro que correré en la dirección opuesta si noto la necesidad de necesitarte. Porque yo soy de esas que no están hechas para cumplir promesas.
lunes, 9 de noviembre de 2015
jueves, 29 de octubre de 2015
Tuve una vez un maestro llamado Astucia que me enseñó a decirle a los taxistas en el idioma propio del país al que fuese a viajar: "Y no me ande dando vueltas, que me conozco la ruta."
Pero no fue él, sino Experiencia, quien me hizo comprender que, en cuestiones tanto de lírica como de romanticismo, no ir al grano puede resultar la mejor opción.
¿Quién se atreve a crear planes lejanos, en lugar de sencillamente disfrutar del presente? Los cobardes.
No sé dónde estaré mañana, ni siquiera tengo claro si hoy me apetece darte las buenas noches. No me pidas promesas, ni cuentos populares con finales arraigados. Lo que sí puedo darte es todo un mundo oculto en cada segundo que corra de nuestro lado, un despertar diferente cada mañana, un verso por cada pensamiento que inunde, aunque temporalmente, mi mente con tu esencia.
Y, tal vez, algún día, a alguna hora que ninguna recordaremos, se nos encienda esa lucecita tan característica de la ensoñación de un mundo mejor. Entonces, supongo que no habrá marcha atrás, ni freno de mano capaz de pararme.
Sin embargo, si ni tal día ni tal hora llegan jamás, no significará más que una tragicomedia, a la cual terminaremos por tachar de obra mal redactada, incompleta, con tan poca tirada en las taquillas que ya estaba muerta antes incluso de haber nacido.
Pero no fue él, sino Experiencia, quien me hizo comprender que, en cuestiones tanto de lírica como de romanticismo, no ir al grano puede resultar la mejor opción.
¿Quién se atreve a crear planes lejanos, en lugar de sencillamente disfrutar del presente? Los cobardes.
No sé dónde estaré mañana, ni siquiera tengo claro si hoy me apetece darte las buenas noches. No me pidas promesas, ni cuentos populares con finales arraigados. Lo que sí puedo darte es todo un mundo oculto en cada segundo que corra de nuestro lado, un despertar diferente cada mañana, un verso por cada pensamiento que inunde, aunque temporalmente, mi mente con tu esencia.
Y, tal vez, algún día, a alguna hora que ninguna recordaremos, se nos encienda esa lucecita tan característica de la ensoñación de un mundo mejor. Entonces, supongo que no habrá marcha atrás, ni freno de mano capaz de pararme.
Sin embargo, si ni tal día ni tal hora llegan jamás, no significará más que una tragicomedia, a la cual terminaremos por tachar de obra mal redactada, incompleta, con tan poca tirada en las taquillas que ya estaba muerta antes incluso de haber nacido.
miércoles, 28 de octubre de 2015
En mi vida, todo es caótico.
Sin embargo, hoy me he hallado preguntándome cómo sería si respondiese al concepto de "normal". Y no encuentro la respuesta.
Porque normal... ¿qué es algo normal? ¿Los trazos generales que se repiten en la vida de los personajes en cada película? ¿Es algo rutinario, aburrido, constante?
No lo sé... no sé qué es la normalidad; nunca he llegado a palparla con los dedos, ni tan siquiera a imaginármela con detalle.
Pero lo que sí sé es que mi caótica vida no me permite ni frenar, ni dejar de aprender, ni mucho menos aburrirme.
Sin embargo, hoy me he hallado preguntándome cómo sería si respondiese al concepto de "normal". Y no encuentro la respuesta.
Porque normal... ¿qué es algo normal? ¿Los trazos generales que se repiten en la vida de los personajes en cada película? ¿Es algo rutinario, aburrido, constante?
No lo sé... no sé qué es la normalidad; nunca he llegado a palparla con los dedos, ni tan siquiera a imaginármela con detalle.
Pero lo que sí sé es que mi caótica vida no me permite ni frenar, ni dejar de aprender, ni mucho menos aburrirme.
Estrellas fugaces
"-Hubiese sido mejor venir a la misma hora -dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; descubriré el precio de la felicidad... Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón."
Me atenaza la impaciencia, la sucesión de los días a medio llenar, como si me hubieran servido un cubata en vaso de tubo con cuatro hielos, como si mi fuero interno no cesase en la cuenta de las experiencias que aguardan por mí a la vuelta de la esquina.
Me atenaza la urgencia de echar a correr, con pedales, con alas o con algún tipo de motor que impulse mi suerte. Correr, descubrir, explorar, viajar, conocer, compartir... vivir. No pido más.
Me atenaza la inconstancia del fluir del tiempo, de su enorme y confusa relatividad, del modo en el que un sólo segundo puede representar toda una vida... De cómo un día invernal es capaz de desprender tanto calor como una hoguera de San Juan... Todo está ahí dentro, todo depende del momento.
Y, por último, me atenaza la impotencia de no hallar mundo en el que estés conmigo, para enseñarme cómo se hacía eso de cerrar los ojos y que los escalofríos te obliguen, de pronto, a olvidar todo lo un día vivido.
Me atenaza la impaciencia, la sucesión de los días a medio llenar, como si me hubieran servido un cubata en vaso de tubo con cuatro hielos, como si mi fuero interno no cesase en la cuenta de las experiencias que aguardan por mí a la vuelta de la esquina.
Me atenaza la urgencia de echar a correr, con pedales, con alas o con algún tipo de motor que impulse mi suerte. Correr, descubrir, explorar, viajar, conocer, compartir... vivir. No pido más.
Me atenaza la inconstancia del fluir del tiempo, de su enorme y confusa relatividad, del modo en el que un sólo segundo puede representar toda una vida... De cómo un día invernal es capaz de desprender tanto calor como una hoguera de San Juan... Todo está ahí dentro, todo depende del momento.
Y, por último, me atenaza la impotencia de no hallar mundo en el que estés conmigo, para enseñarme cómo se hacía eso de cerrar los ojos y que los escalofríos te obliguen, de pronto, a olvidar todo lo un día vivido.
domingo, 25 de octubre de 2015
Dejaba huellas allí donde anhelaba que permaneciese su marca, su esencia, para que hablase en su lugar cuando ella no estuviera para hacerlo. Perdía un pedazo de sí misma en cada detalle, con la esperanza de que, algún día, a alguien se le antojase reunir en un puzzle los trocitos que había abandonado al antojo de los temporales que invadían el eterno invierno en el que habitaba.
sábado, 24 de octubre de 2015
Changing ways
Llevaba como media hora... o más, no lo sé. Llevaba, digamos que desde que habíamos comenzado nuestro paseo, enumerándome una y otra vez los motivos por los que no éramos compatibles, los motivos por los que teníamos que ponerle punto y final a nuestra andanza juntos.
A nuestra andanza... sonaba incluso humorístico, teniendo en cuenta la situación.
Pero, y a pesar de que su retahíla de palabras punzantes no dejaban de replicar en mis tímpanos, yo no lograba concentrarme en otra cosa más que en nuestros pasos.
Sí. Nuestros pasos. Los pasos de aquella mañana. Aquella mañana totalmente diferente a las demás.
Nuestros pasos siempre habían estado coordinados, aún sin ni siquiera necesidad de buscarlo. Pero allí... allí, y en aquel período de tiempo que se asemejaba a una turbia eternidad, avanzábamos sin orden, chocando, incluso en ocasiones pisándonos.
Y entonces comprendí que esa ocasión era distinta; que por muchos reproches, insultos o meteduras de pata que pudieran haber existido anteriormente con, a pesar de todo, final feliz... de aquel paseo ambos salíamos en direcciones opuestas.
A nuestra andanza... sonaba incluso humorístico, teniendo en cuenta la situación.
Pero, y a pesar de que su retahíla de palabras punzantes no dejaban de replicar en mis tímpanos, yo no lograba concentrarme en otra cosa más que en nuestros pasos.
Sí. Nuestros pasos. Los pasos de aquella mañana. Aquella mañana totalmente diferente a las demás.
Nuestros pasos siempre habían estado coordinados, aún sin ni siquiera necesidad de buscarlo. Pero allí... allí, y en aquel período de tiempo que se asemejaba a una turbia eternidad, avanzábamos sin orden, chocando, incluso en ocasiones pisándonos.
Y entonces comprendí que esa ocasión era distinta; que por muchos reproches, insultos o meteduras de pata que pudieran haber existido anteriormente con, a pesar de todo, final feliz... de aquel paseo ambos salíamos en direcciones opuestas.
viernes, 23 de octubre de 2015
Una mansión llena de cosas que crees que necesitas.
Un mar que arrastra lágrimas de plástico, encarcelando en su dolor a millones de seres vivos.
Un campo sin hierba, en el que se han desplegado las últimas armas de ingeniería de guerra.
Un horizonte plagado de humo negro que se condensa cuanto más asciende.
Una muchedumbre vistiendo marcas, con los bolsillos llenos y las conciencias haciendo eco.
Un árbol derrocado, exhalando su último suspiro centenario porque le han cortado las alas.
Una sociedad que margina lo distinto, en lugar de tratar de comprender el significado de esa palabra.
Ganadores que pasean cabizbajos por los prejuicios que inundan la mente del que los mira.
Veneno, rabia, avaricia, envidia, posesión, orgullo...
Y sigue habiendo quien se queja de que llueve.
Un mar que arrastra lágrimas de plástico, encarcelando en su dolor a millones de seres vivos.
Un campo sin hierba, en el que se han desplegado las últimas armas de ingeniería de guerra.
Un horizonte plagado de humo negro que se condensa cuanto más asciende.
Una muchedumbre vistiendo marcas, con los bolsillos llenos y las conciencias haciendo eco.
Un árbol derrocado, exhalando su último suspiro centenario porque le han cortado las alas.
Una sociedad que margina lo distinto, en lugar de tratar de comprender el significado de esa palabra.
Ganadores que pasean cabizbajos por los prejuicios que inundan la mente del que los mira.
Veneno, rabia, avaricia, envidia, posesión, orgullo...
Y sigue habiendo quien se queja de que llueve.
lunes, 19 de octubre de 2015
Deep oceans...
El mar nos conecta de una forma que ningún otro elemento de la naturaleza puede igualar. Junto al mar soñamos, nos enamoramos, probamos experiencias nuevas, nos deshacemos como olas que han hallado el lugar idóneo para reposar; junto al mar, algunos tuvimos la suerte de crecer y aprender que, frente a cualquier temporal, debemos mantenernos impasibles y constantes.
Paseando al borde de su fluir, muchos decidieron perderse para allí encontrarse de nuevo, cautivados por la casi imperceptible hipnosis del horizonte azul inalcanzable.
Ella es así. Ella viene y va, y cuando parece que los dedos se te empapan de su esencia, es justo el instante en el que se desvanece. Ella se parece al mar porque nunca consigues apartarla de tus sueños por completo; siempre hay algún resquicio que se cuela para inundar cualquier otro pensamiento que pudiera haber invadido tu mente, aunque fuera sólo durante un segundo. Ella es la perfecta encarnación de las ganas, de los besos robados y de los momentos contados a cuentagotas.
En ella, aquella noche creí haber encontrado por fin el norte. Bajo la llamada apremiante de los segundos que vuelan, a las agujas del reloj se les antojó ir en quinta; y yo que creía que para parar el tiempo tan sólo necesitaba otro beso aún más desenfrenado...
Pero, como casi siempre, me equivocaba. Y la noche se volvió día, y la marea descendió... Aún continúo a la espera de que vuelva a subir.
Paseando al borde de su fluir, muchos decidieron perderse para allí encontrarse de nuevo, cautivados por la casi imperceptible hipnosis del horizonte azul inalcanzable.
Ella es así. Ella viene y va, y cuando parece que los dedos se te empapan de su esencia, es justo el instante en el que se desvanece. Ella se parece al mar porque nunca consigues apartarla de tus sueños por completo; siempre hay algún resquicio que se cuela para inundar cualquier otro pensamiento que pudiera haber invadido tu mente, aunque fuera sólo durante un segundo. Ella es la perfecta encarnación de las ganas, de los besos robados y de los momentos contados a cuentagotas.
En ella, aquella noche creí haber encontrado por fin el norte. Bajo la llamada apremiante de los segundos que vuelan, a las agujas del reloj se les antojó ir en quinta; y yo que creía que para parar el tiempo tan sólo necesitaba otro beso aún más desenfrenado...
Pero, como casi siempre, me equivocaba. Y la noche se volvió día, y la marea descendió... Aún continúo a la espera de que vuelva a subir.
martes, 29 de septiembre de 2015
Había versos pintarrajeados en cada esquina, y sus letras cobraban tal vida, al ser leídas en voz alta, que se asemejaba aquella cocina a la cuna de los sueños. Sueños encarcelados entre tinta y pergamino. Sueños disfrazados de quehaceres, cuya voz resultaba tan difícil de percibir como una libélula en una catarata. Pero estaban allí. Y cuando surcaban la mente del soñador que los albergaba, los más observadores afirman que en sus ojos surgía una luz antes inexistente.
Somos lo que hacen de nosotros.
Somos el conjunto de los pedacitos de sí mismos que las personas que nos quieren nos van prestando a lo largo de nuestro andar, y también en cada una de las paradas que nos vemos obligados a hacer en ocasiones, ya sea por un mero tropiezo o para fijar la vista por primera vez en todo el viaje.
Procedemos a seleccionar lo que vemos que puede albergar similitudes con nuestra forma de ser; lo añadimos a la sección de las prendas prestadas; utilizamos ese timbre de voz, esa risa, ese acento o aquella expresión hasta que llega otra que la reemplaza. Así, la sección jamás deja de evolucionar; así, nos renovamos con ella y aprendemos nuevas facetas de nosotros mismos que han tenido que venir a despertar otros.
Procedemos a seleccionar lo que vemos que puede albergar similitudes con nuestra forma de ser; lo añadimos a la sección de las prendas prestadas; utilizamos ese timbre de voz, esa risa, ese acento o aquella expresión hasta que llega otra que la reemplaza. Así, la sección jamás deja de evolucionar; así, nos renovamos con ella y aprendemos nuevas facetas de nosotros mismos que han tenido que venir a despertar otros.
miércoles, 16 de septiembre de 2015
Los que no podemos dormir tenemos una enfermedad llamada sueños.
Una enfermedad que impide saciar la mente.
Una enfermedad que se mofa de la almohada y toma por edredón al amasijo de nervios que conllevan las esperanzas frustradas.
Una enfermedad que no conoce cura ni remedio, ni mucho menos el menor atisbo de lógica.
Una enfermedad basada en anhelar con más fuerza de la posible a simple vista.
Una enfermedad cobijada entre metáforas, asesinada por la impaciencia, enmarcada cual retrato por un marco tallado en quizás.
Supongo que por eso hay quien necesita el beso de buenas noches.
Una enfermedad que impide saciar la mente.
Una enfermedad que se mofa de la almohada y toma por edredón al amasijo de nervios que conllevan las esperanzas frustradas.
Una enfermedad que no conoce cura ni remedio, ni mucho menos el menor atisbo de lógica.
Una enfermedad basada en anhelar con más fuerza de la posible a simple vista.
Una enfermedad cobijada entre metáforas, asesinada por la impaciencia, enmarcada cual retrato por un marco tallado en quizás.
Supongo que por eso hay quien necesita el beso de buenas noches.
domingo, 28 de junio de 2015
Anything new?
Me declaro víctima de las emociones momentáneas, del roce de labios en el lugar indicado, del sabor a impaciencia.
Me declaro seguidora de las historias que se cuentan por lunas, de los abrazos y los mordiscos inesperados, de los segundos que recorren hacia abajo tu cintura.
Me declaro valiente si de cogerte la mano se trata, pero no me pidas que me quede aquí por siempre, no le ruegues a un nómada que a cada paso te recuerde.
Me declaro indecisa si te miro y no me devuelves la sonrisa; si eso llegara a pasar, supongo que tendría que prometerte el mundo para acabar, como siempre, prestándote un trocito de mí cada mes: lo suficiente como para no abastecerte. Porque sabemos que cuando algo se llena no puede más.
Me declaro la tonta inconsciente que lo da todo en cada instante, ansiosa por que la descubran y a la vez temerosa de que no lleguen a otear más que la superficie.
Hay mundos aquí dentro que nunca, por mucho que cuente, he dejado al aire libre. ¿Por qué? Porque llevan la palabra "Privado" tatuada en cada partícula, y sólo quitaré el letrero cuando llegue el mundo que provoque que me baje del mío.
Me declaro seguidora de las historias que se cuentan por lunas, de los abrazos y los mordiscos inesperados, de los segundos que recorren hacia abajo tu cintura.
Me declaro valiente si de cogerte la mano se trata, pero no me pidas que me quede aquí por siempre, no le ruegues a un nómada que a cada paso te recuerde.
Me declaro indecisa si te miro y no me devuelves la sonrisa; si eso llegara a pasar, supongo que tendría que prometerte el mundo para acabar, como siempre, prestándote un trocito de mí cada mes: lo suficiente como para no abastecerte. Porque sabemos que cuando algo se llena no puede más.
Me declaro la tonta inconsciente que lo da todo en cada instante, ansiosa por que la descubran y a la vez temerosa de que no lleguen a otear más que la superficie.
Hay mundos aquí dentro que nunca, por mucho que cuente, he dejado al aire libre. ¿Por qué? Porque llevan la palabra "Privado" tatuada en cada partícula, y sólo quitaré el letrero cuando llegue el mundo que provoque que me baje del mío.
viernes, 26 de junio de 2015
Air never stops
Siempre he confiado a ciegas en las buenas energías. Y digo a ciegas porque no hay posibilidad alguna de percibirlas con ninguno de nuestros cinco sentidos. No creo que las energías se compongan de halos blanquecinos que titilan en el aire; por el contrario, yo me las imagino como actos, actos sin interés, actos no premeditados que se guían solamente por una conexión instantánea dentro de nuestro instinto, actos que provocan a su vez otros actos bienintencionados que no buscan de agradecimiento ni premio, que se hacen porque sí, para ayudar en lo que se pueda, para ser un poco mejor, por simple cortesía... Si provocas una sonrisa, ya has ganado.
No cuesta nada. Al fin y al cabo, aquí estamos de prestado. Nada de lo que tocamos es nuestro, aunque se crea lo contrario. Pero hay algo que sí podremos tomar algún día como propio, algo de lo que nos enorgullecerá hablar en unos cuantos años: los momentos. Suena a tópico incesante en el oído la frase: "Toma un momento y hazlo tuyo." No sé, sabéis... A mí me parece que le falta algo, yo tal vez le añadiría la vida entera... porque un momento... ¿Sólo un momento? ¿Cómo se escoge un único momento entre todos los que hay?
No, olvidaos. Os recomendaría que escogieses todos y cada uno de los segundos que corren por vuestra piel. Incluso este, surcando veloces y ávidos estas letras. ¿Qué podéis sacar de este momento, qué podéis aprender?
Os pondré otro ejemplo... Seguramente os haya ocurrido en una infinidad de ocasiones el haber discutido con un amigo y, al instante, verlo todo negro, insalvable. Pero al día siguiente, esa imagen se torna a terreno pisado, a cólera momentánea, a error. Y entonces os dais cuenta de que la mayoría de las veces las cosas que nos afectan las provoca nuestra propia cabeza. Pues esto ocurre con absolutamente todo. La vida no se compone de los momentos que vivimos, se compone de nuestra percepción de esos momentos. Todo el mundo es capaz de ver una puesta de sol, pero algunos mirarán y otros se recrearán con ella y lograrán sacarle esa energía aparentemente imperceptible.
Por eso, cambia el modo de observar, sonríe incluso los días en los que menos te apetezca, y cuando te hayas dado cuenta, te estarás riendo sin apenas percibirlo.
No cuesta nada. Al fin y al cabo, aquí estamos de prestado. Nada de lo que tocamos es nuestro, aunque se crea lo contrario. Pero hay algo que sí podremos tomar algún día como propio, algo de lo que nos enorgullecerá hablar en unos cuantos años: los momentos. Suena a tópico incesante en el oído la frase: "Toma un momento y hazlo tuyo." No sé, sabéis... A mí me parece que le falta algo, yo tal vez le añadiría la vida entera... porque un momento... ¿Sólo un momento? ¿Cómo se escoge un único momento entre todos los que hay?
No, olvidaos. Os recomendaría que escogieses todos y cada uno de los segundos que corren por vuestra piel. Incluso este, surcando veloces y ávidos estas letras. ¿Qué podéis sacar de este momento, qué podéis aprender?
Os pondré otro ejemplo... Seguramente os haya ocurrido en una infinidad de ocasiones el haber discutido con un amigo y, al instante, verlo todo negro, insalvable. Pero al día siguiente, esa imagen se torna a terreno pisado, a cólera momentánea, a error. Y entonces os dais cuenta de que la mayoría de las veces las cosas que nos afectan las provoca nuestra propia cabeza. Pues esto ocurre con absolutamente todo. La vida no se compone de los momentos que vivimos, se compone de nuestra percepción de esos momentos. Todo el mundo es capaz de ver una puesta de sol, pero algunos mirarán y otros se recrearán con ella y lograrán sacarle esa energía aparentemente imperceptible.
Por eso, cambia el modo de observar, sonríe incluso los días en los que menos te apetezca, y cuando te hayas dado cuenta, te estarás riendo sin apenas percibirlo.
jueves, 18 de junio de 2015
Why is grandfather crying?
Golondrinas. Golondrinas que lo recuerdan todo a corto plazo. Golondrinas que cuando expiran, tiran todo lo bordado con delicadeza. Golondrinas que no ven el momento de dejar el nido, que revolotean inquietas mirando absortas la infinidad del horizonte crepuscular. Golondrinas que han venido para no quedarse, que dejan el rastro de sus garras bien hondo, que sólo han confiado medio segundo para tener un punto de apoyo desde el que retornar al vuelo. Golondrinas con las que soñarías en un millar de ocasiones, pero al conocerlas sus colores no son tan vivos como te los habían reproducido tus evasiones.
Golondrinas que saludan con un adiós, que te anticipan que están de paso. Repostamos y nos vamos, ¿te parece bien? No. Pues te jodes. Somos libres.
¿No es eso un tipo moderno de crueldad? El darlo todo a cada paso, incluso andar de traspié en traspié con una sonrisa enorme; el cautivar a todo aquel que se cruce en tu vuelo; el regalarle contados momentos de tu vida y hacerle ver que tendrá que seguir pagando la factura el resto de la suya. ¿No es eso apocalíptico? No sé a qué te refieres. Lo que intento decir es que todo el mundo debería tener miradas guardadas en un rincón, un rincón al que sólo puedan asomarse las personas indicadas. Porque la intensidad de nuestras retinas se gasta si la usamos demasiado, si la usamos mirando a cualquiera que nos la alegre momentáneamente; si regalamos a la ligera lo mejor de lo que pretendemos transmitir, no tendremos nada nuevo que dar a esa persona, cuando llegue.
Golondrinas que saludan con un adiós, que te anticipan que están de paso. Repostamos y nos vamos, ¿te parece bien? No. Pues te jodes. Somos libres.
¿No es eso un tipo moderno de crueldad? El darlo todo a cada paso, incluso andar de traspié en traspié con una sonrisa enorme; el cautivar a todo aquel que se cruce en tu vuelo; el regalarle contados momentos de tu vida y hacerle ver que tendrá que seguir pagando la factura el resto de la suya. ¿No es eso apocalíptico? No sé a qué te refieres. Lo que intento decir es que todo el mundo debería tener miradas guardadas en un rincón, un rincón al que sólo puedan asomarse las personas indicadas. Porque la intensidad de nuestras retinas se gasta si la usamos demasiado, si la usamos mirando a cualquiera que nos la alegre momentáneamente; si regalamos a la ligera lo mejor de lo que pretendemos transmitir, no tendremos nada nuevo que dar a esa persona, cuando llegue.
domingo, 14 de junio de 2015
"En este mundo lleno de desesperación, debemos atrevernos a soñar."
Vestía de suerte cada sábado por la noche. Y aunque era tu elección compartir o no el boleto, no podías negarte a soñar con alcanzar el premio gordo, aunque fuese en porciones, en porciones diminutas, administradas cuidadosamente con un cuentagotas; si te pasabas con la dosis, no volvías a tener suerte en un mes. Si pretendías jugártelo todo a una carta, el as se alejaba más y más velozmente.
Su rostro se teñía de dulzura si de tus labios salían las palabras adecuadas, y no otras. Equivocarse con las palabras que susurras al oído es un error imperdonable.
Daba a raudales sin pedir nada. Bueno, tal vez un par de caricias... pero porque sabía que, en el fondo, les estaba haciendo un favor a los demás, que se morían por tocarla, por imaginarla, por creer que era suya durante unas horas... Otro error imperdonable: ella no era de nadie.
No podía. Si no, dejaba de ser ella en su plenitud. Ella regalaba el alma al peor postor porque del mejor se había aburrido ya. Y cuando se la devolvían, pesaba un poco más, apestaba a usado. Pero continuaba siendo el alma más caritativa que habrán visto nunca los ojos de ese poeta.
Su rostro se teñía de dulzura si de tus labios salían las palabras adecuadas, y no otras. Equivocarse con las palabras que susurras al oído es un error imperdonable.
Daba a raudales sin pedir nada. Bueno, tal vez un par de caricias... pero porque sabía que, en el fondo, les estaba haciendo un favor a los demás, que se morían por tocarla, por imaginarla, por creer que era suya durante unas horas... Otro error imperdonable: ella no era de nadie.
No podía. Si no, dejaba de ser ella en su plenitud. Ella regalaba el alma al peor postor porque del mejor se había aburrido ya. Y cuando se la devolvían, pesaba un poco más, apestaba a usado. Pero continuaba siendo el alma más caritativa que habrán visto nunca los ojos de ese poeta.
jueves, 11 de junio de 2015
Luz verde a la perdición
Sol. Arena. Tráfico sin control. Tus labios. El ruido de un martillo al golpear mi espera. Un rayo de soledad. Certezas eclipsadas por carcajadas. Tus piernas. Bullicio transeúnte. La palabra adecuada. Aprender de tus muecas...
Días que pasan, sin enumeración, sin control ni pausa; noches eternas en las que me relatas cómo se siente estar en tu piel; no sabes que sólo quiero rozarla... Dibujar, escribir mensajes confusos en tu espalda, trazar senderos con la yema de mis dedos, coger una pluma y saber que no volveré a ser la misma cuando me robes la tinta.
Tic, tic, tic... suena a constancia. No pretendo ser constante; lo que quiero ser es tu línea de inflexión, esa que separa lo eterno de lo que dura un segundo. No me digas que soy un mundo, no me digas que pagarías por tenerme, no me digas que no habría solsticio de invierno sin mirarme tres veranos enteros.
Aquí, ahora. Lo quiero todo. Lo quiero ya. Impaciencia desbordante, que cuanto más te acercas más se asoma. Y al tocarme, la piscina ya no está vacía; Casa ha tomado la forma de tus mejillas; la electricidad la conducen mis latidos; bum, bum, bum... como en una película de acción, siento que puede llegar esa explosión, y en cualquier momento me pierdo, olvido lo que es tener nombre, pero me encuentro de nuevo en el medio de tu hablar, que no para, que no comprende de tregua.
De nuevo me fulminan mis propios sentimientos, y cuando me quiero dar cuenta, ya es demasiado tarde. Dirección contraria y a pegarnos la hostia del siglo, que para eso hemos venido, que para eso te he conocido. Si quisiera estar entera, no habría vivido.
Tal vez ni yo misma sepa describirte. Yo, que me creía capaz de describirlo todo. Ahora me encuentro delante de un rompecabezas que me obliga a intentar descifrarlo, Quizás lo único de lo que tengo absoluta certeza es de que le pueden dar por culo a los deportes de riesgo si los comparo con quererte.
Días que pasan, sin enumeración, sin control ni pausa; noches eternas en las que me relatas cómo se siente estar en tu piel; no sabes que sólo quiero rozarla... Dibujar, escribir mensajes confusos en tu espalda, trazar senderos con la yema de mis dedos, coger una pluma y saber que no volveré a ser la misma cuando me robes la tinta.
Tic, tic, tic... suena a constancia. No pretendo ser constante; lo que quiero ser es tu línea de inflexión, esa que separa lo eterno de lo que dura un segundo. No me digas que soy un mundo, no me digas que pagarías por tenerme, no me digas que no habría solsticio de invierno sin mirarme tres veranos enteros.
Aquí, ahora. Lo quiero todo. Lo quiero ya. Impaciencia desbordante, que cuanto más te acercas más se asoma. Y al tocarme, la piscina ya no está vacía; Casa ha tomado la forma de tus mejillas; la electricidad la conducen mis latidos; bum, bum, bum... como en una película de acción, siento que puede llegar esa explosión, y en cualquier momento me pierdo, olvido lo que es tener nombre, pero me encuentro de nuevo en el medio de tu hablar, que no para, que no comprende de tregua.
De nuevo me fulminan mis propios sentimientos, y cuando me quiero dar cuenta, ya es demasiado tarde. Dirección contraria y a pegarnos la hostia del siglo, que para eso hemos venido, que para eso te he conocido. Si quisiera estar entera, no habría vivido.
Tal vez ni yo misma sepa describirte. Yo, que me creía capaz de describirlo todo. Ahora me encuentro delante de un rompecabezas que me obliga a intentar descifrarlo, Quizás lo único de lo que tengo absoluta certeza es de que le pueden dar por culo a los deportes de riesgo si los comparo con quererte.
viernes, 5 de junio de 2015
Ficción en jirones
He visto caer fortalezas con tan sólo unos cuantos roces propiciados por las manos adecuadas.
He deambulado entre nubes de humo que exhalaban ausencia, temor, confusión, miedo a perder, miedo a perderme.
He oído leyendas, mitos, cuentos, historias de viejas... y en todas parecías aparecer tú.
He soñado despierta más de lo que debería, pero ya sabes, amor, que mis vicios no influyen en mis días, pero tú vas camino de convertirte en mi perdición.
Aunque, tras la batalla, todo lo anterior se me antoja de una opacidad que roza lo imposible. Y miro por una vez sabiendo lo que quiero ver, ojeando entre los destrozos de nuestros encuentros, sonriendo al creer que la luz de esa mañana sería eterna para mí. Y entonces te ríes, me susurras "mira lo que hemos hecho..." y tiras del hilo que tiene prendidas mis ganas. Como un títere me arrastras, para volver a cerrar los ojos esta vez en un sueño tan real que Morfeo se moriría de celos.
miércoles, 8 de abril de 2015
-Antes acostumbraba a comparar a las personas con cartas viejas, gastadas, perdidas en la fastidiosa continuidad de los años.
-¿Por qué? ¿Por qué precisamente con cartas?
-Porque los amores, las sensaciones, los olores o incluso mis propios sentimientos se me antojaban lejanos si me paraba a pensar en ellos. Como si supiera en el mismo instante que lo vivido ahora mañana cambiará: ese bar ha cerrado, la chica de siempre ya no está con su novio de siempre, donde antes había energía y ganas de vivir ya sólo quedan recuerdos.
-Pero no puedes observarlo todo desde el futuro. Quiero decir, ¿quién coño sabe que nos deparará el día de mañana? ¿Cómo saber que esto acabará?
-Esta misma noche, te irás a tu casa, yo a la mía, esta conversación hará horas que habrá terminado. Y aunque tus palabras en este momento me parecen el consuelo más dulce del mundo, en cuanto me quite los zapatos y me tire en el sofá volverá a asaltarme ese olor a papel antiguo.
-¿Por qué? ¿Por qué precisamente con cartas?
-Porque los amores, las sensaciones, los olores o incluso mis propios sentimientos se me antojaban lejanos si me paraba a pensar en ellos. Como si supiera en el mismo instante que lo vivido ahora mañana cambiará: ese bar ha cerrado, la chica de siempre ya no está con su novio de siempre, donde antes había energía y ganas de vivir ya sólo quedan recuerdos.
-Pero no puedes observarlo todo desde el futuro. Quiero decir, ¿quién coño sabe que nos deparará el día de mañana? ¿Cómo saber que esto acabará?
-Esta misma noche, te irás a tu casa, yo a la mía, esta conversación hará horas que habrá terminado. Y aunque tus palabras en este momento me parecen el consuelo más dulce del mundo, en cuanto me quite los zapatos y me tire en el sofá volverá a asaltarme ese olor a papel antiguo.
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