Siempre he confiado a ciegas en las buenas energías. Y digo a ciegas porque no hay posibilidad alguna de percibirlas con ninguno de nuestros cinco sentidos. No creo que las energías se compongan de halos blanquecinos que titilan en el aire; por el contrario, yo me las imagino como actos, actos sin interés, actos no premeditados que se guían solamente por una conexión instantánea dentro de nuestro instinto, actos que provocan a su vez otros actos bienintencionados que no buscan de agradecimiento ni premio, que se hacen porque sí, para ayudar en lo que se pueda, para ser un poco mejor, por simple cortesía... Si provocas una sonrisa, ya has ganado.
No cuesta nada. Al fin y al cabo, aquí estamos de prestado. Nada de lo que tocamos es nuestro, aunque se crea lo contrario. Pero hay algo que sí podremos tomar algún día como propio, algo de lo que nos enorgullecerá hablar en unos cuantos años: los momentos. Suena a tópico incesante en el oído la frase: "Toma un momento y hazlo tuyo." No sé, sabéis... A mí me parece que le falta algo, yo tal vez le añadiría la vida entera... porque un momento... ¿Sólo un momento? ¿Cómo se escoge un único momento entre todos los que hay?
No, olvidaos. Os recomendaría que escogieses todos y cada uno de los segundos que corren por vuestra piel. Incluso este, surcando veloces y ávidos estas letras. ¿Qué podéis sacar de este momento, qué podéis aprender?
Os pondré otro ejemplo... Seguramente os haya ocurrido en una infinidad de ocasiones el haber discutido con un amigo y, al instante, verlo todo negro, insalvable. Pero al día siguiente, esa imagen se torna a terreno pisado, a cólera momentánea, a error. Y entonces os dais cuenta de que la mayoría de las veces las cosas que nos afectan las provoca nuestra propia cabeza. Pues esto ocurre con absolutamente todo. La vida no se compone de los momentos que vivimos, se compone de nuestra percepción de esos momentos. Todo el mundo es capaz de ver una puesta de sol, pero algunos mirarán y otros se recrearán con ella y lograrán sacarle esa energía aparentemente imperceptible.
Por eso, cambia el modo de observar, sonríe incluso los días en los que menos te apetezca, y cuando te hayas dado cuenta, te estarás riendo sin apenas percibirlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario