-Antes acostumbraba a comparar a las personas con cartas viejas, gastadas, perdidas en la fastidiosa continuidad de los años.
-¿Por qué? ¿Por qué precisamente con cartas?
-Porque los amores, las sensaciones, los olores o incluso mis propios sentimientos se me antojaban lejanos si me paraba a pensar en ellos. Como si supiera en el mismo instante que lo vivido ahora mañana cambiará: ese bar ha cerrado, la chica de siempre ya no está con su novio de siempre, donde antes había energía y ganas de vivir ya sólo quedan recuerdos.
-Pero no puedes observarlo todo desde el futuro. Quiero decir, ¿quién coño sabe que nos deparará el día de mañana? ¿Cómo saber que esto acabará?
-Esta misma noche, te irás a tu casa, yo a la mía, esta conversación hará horas que habrá terminado. Y aunque tus palabras en este momento me parecen el consuelo más dulce del mundo, en cuanto me quite los zapatos y me tire en el sofá volverá a asaltarme ese olor a papel antiguo.
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