miércoles, 16 de septiembre de 2015

Los que no podemos dormir tenemos una enfermedad llamada sueños.
Una enfermedad que impide saciar la mente.
Una enfermedad que se mofa de la almohada y toma por edredón al amasijo de nervios que conllevan las esperanzas frustradas.
Una enfermedad que no conoce cura ni remedio, ni mucho menos el menor atisbo de lógica.
Una enfermedad basada en anhelar con más fuerza de la posible a simple vista.
Una enfermedad cobijada entre metáforas, asesinada por la impaciencia, enmarcada cual retrato por un marco tallado en quizás.
Supongo que por eso hay quien necesita el beso de buenas noches.

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