La calma fotografiada por Edward Olive.
He intentado, lo que parece ser una gran cantidad de veces, explicar de dónde viene la fuerza que hace que mis dedos se muevan con rapidez, casi sin pensar y al mismo tiempo dándole vueltas a todo. Hay un botón interno que me dice "ya, esa es la idea", supongo que el mismo botón que puede tener una cámara en el momento justo.
Un tal Picasso dijo un día que la inspiración sólo llega cuando estamos trabajando. No le pongo trabas a esa afirmación, pero me atrevo a añadir que las ideas preconcebidas llegan cuando la mente divaga, cuando no tiene que centrarse en algo concreto. Cuando ni el tiempo, ni siquiera el lugar donde estás, importan. Si pudiera, fotografiaría mil veces ese instante etéreo y perfecto. Si pudiera, escribiría mil historias sobre él. Porque es sencillamente mágico.
He intentado, lo que parece ser una gran cantidad de veces, explicar de dónde viene la fuerza que hace que mis dedos se muevan con rapidez, casi sin pensar y al mismo tiempo dándole vueltas a todo. Hay un botón interno que me dice "ya, esa es la idea", supongo que el mismo botón que puede tener una cámara en el momento justo.
Un tal Picasso dijo un día que la inspiración sólo llega cuando estamos trabajando. No le pongo trabas a esa afirmación, pero me atrevo a añadir que las ideas preconcebidas llegan cuando la mente divaga, cuando no tiene que centrarse en algo concreto. Cuando ni el tiempo, ni siquiera el lugar donde estás, importan. Si pudiera, fotografiaría mil veces ese instante etéreo y perfecto. Si pudiera, escribiría mil historias sobre él. Porque es sencillamente mágico.

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