“Ríen.
Bromean. Como una de esas parejas felices de estar juntos; de las que sueñan,
para las que todo está aún por descubrir; de las que tienen un poco de miedo y
un poco no… Como esa extraña sensación de cuando estás en la playa y hace
calor. De repente te entran ganas de darte un baño. Te levantas de la toalla.
Te acercas al agua. Te metes dentro. Pero el agua está fría. A veces muy fría.
En ese momento, hay quien lo deja correr y vuelve a tumbarse y a soportar el
calor. Otros, en cambio, se sumergen. Y tan sólo estos últimos, después de unas
cuantas brazadas, alcanzan a saborear hasta el fondo ese gusto único y un poco
extraño de libertad total, hasta de sí mismos”.
La mayoría
no nos arriesgamos a decir lo que sentimos. A expresar lo que nos devora por dentro.
La mayoría nos quedamos callados mientras vemos cómo esa persona se va. La
mayoría nos echamos atrás al tener los pies fríos.
Y no
llegamos a descubrir ese sentimiento de constancia, de calidez. O tal vez lo
echamos a perder con sensaciones que no deberían estar ahí, que no tienen lugar
en nuestros pensamientos. Pero ahí están, y a veces lo destruyen todo a su
paso.
-No, hoy
eres mía. Hoy te voy a raptar –debería haberle dicho él.
Pero, en
cambio…
-Está bien.
Ve a trabajar, ya nos veremos –es lo que en realidad susurró.
-Tengo ganas
de estar contigo. Y lo voy a hacer, aunque se apague el sol –debería haberle
dicho ella.
Pero, en
cambio…
-Perdón, es
que estoy muy liada… Te llamo luego, ¿vale?
Él suelta su
mano a regañadientes, lentamente, acariciando su palma antes de dejarla caer.
Como si sus dedos mascullaran un “no puedo” con su torpe movimiento.
No sé cuándo
podréis, chicos. No sé ni siquiera si la otra mano quiere ser apretada, si
quiere ser retenida. Por probar… Ya, pero hay demasiado en juego.
Mejor nos
quedamos en la toalla.
Quiero más, porfi.
ResponderEliminarPosdata...