domingo, 13 de enero de 2013

¿Un bañito?


“Ríen. Bromean. Como una de esas parejas felices de estar juntos; de las que sueñan, para las que todo está aún por descubrir; de las que tienen un poco de miedo y un poco no… Como esa extraña sensación de cuando estás en la playa y hace calor. De repente te entran ganas de darte un baño. Te levantas de la toalla. Te acercas al agua. Te metes dentro. Pero el agua está fría. A veces muy fría. En ese momento, hay quien lo deja correr y vuelve a tumbarse y a soportar el calor. Otros, en cambio, se sumergen. Y tan sólo estos últimos, después de unas cuantas brazadas, alcanzan a saborear hasta el fondo ese gusto único y un poco extraño de libertad total, hasta de sí mismos”.
La mayoría no nos arriesgamos a decir lo que sentimos. A expresar lo que nos devora por dentro. La mayoría nos quedamos callados mientras vemos cómo esa persona se va. La mayoría nos echamos atrás al tener los pies fríos.
Y no llegamos a descubrir ese sentimiento de constancia, de calidez. O tal vez lo echamos a perder con sensaciones que no deberían estar ahí, que no tienen lugar en nuestros pensamientos. Pero ahí están, y a veces lo destruyen todo a su paso.
-No, hoy eres mía. Hoy te voy a raptar –debería haberle dicho él.
Pero, en cambio…
-Está bien. Ve a trabajar, ya nos veremos –es lo que en realidad susurró.
-Tengo ganas de estar contigo. Y lo voy a hacer, aunque se apague el sol –debería haberle dicho ella.
Pero, en cambio…
-Perdón, es que estoy muy liada… Te llamo luego, ¿vale?
Él suelta su mano a regañadientes, lentamente, acariciando su palma antes de dejarla caer. Como si sus dedos mascullaran un “no puedo” con su torpe movimiento.
No sé cuándo podréis, chicos. No sé ni siquiera si la otra mano quiere ser apretada, si quiere ser retenida. Por probar… Ya, pero hay demasiado en juego.
Mejor nos quedamos en la toalla.

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