miércoles, 6 de febrero de 2013

So simple


“Cuando perteneces a alguien, deja de estar bien, te limita, te arriesgas a perderte a ti misma.”
La poesía contiene algo que me da ganas de gritar, de expresar, de decirlo todo y que nadie entienda nada.
Al ser recitada, sin embargo, me da miedo, arcadas, ganas de huir. Porque no es lo mismo pensar algo que decirlo. Las palabras, al ser nombradas, desaparecen en el aire para crear ideas.
Ideas que mueven montañas, que cambian sentimientos, que sacan sonrisas, que marchitan flores, que se pierden pero siempre vuelven.
La poesía no es métrica, sino saber susurrar gritos de rabia. Casi todos provienen de amor. De alguna locura que se esconde tras un detalle dibujado de risa.
No llores: recita.
De algún modo, las penas encuentran su cárcel en una hoja de papel. Y éstas no caen con el otoño, de forma que esa reja nunca muere, irrompible.
Las cadenas se retuercen, sorprendidas por su carga inmortal.
Las palabras no vuelan. Permanecen.

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