“Cuando
perteneces a alguien, deja de estar bien, te limita, te arriesgas a perderte a
ti misma.”
La poesía
contiene algo que me da ganas de gritar, de expresar, de decirlo todo y que
nadie entienda nada.
Al ser
recitada, sin embargo, me da miedo, arcadas, ganas de huir. Porque no es lo
mismo pensar algo que decirlo. Las palabras, al ser nombradas, desaparecen en
el aire para crear ideas.
Ideas que
mueven montañas, que cambian sentimientos, que sacan sonrisas, que marchitan
flores, que se pierden pero siempre vuelven.
La poesía no
es métrica, sino saber susurrar gritos de rabia. Casi todos provienen de amor.
De alguna locura que se esconde tras un detalle dibujado de risa.
No llores:
recita.
De algún
modo, las penas encuentran su cárcel en una hoja de papel. Y éstas no caen con
el otoño, de forma que esa reja nunca muere, irrompible.
Las cadenas
se retuercen, sorprendidas por su carga inmortal.
Las palabras
no vuelan. Permanecen.
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