Si me dijeras que me quieres te respondería que yo no, siendo sincera...
Aunque, si me dejaras matizar, también te diría que te necesito más con cada día que pasa; que guardo en los huecos de mi memoria que llevan tu nombre cada detalle que me regalas con cada nueva visita. Te confesaría que contigo la rutina es una aventura, y cada mañana una razón para abandonar el sueño y perderme contigo en la realidad más onírica.
Todo esto, también con tu permiso, me encantaría relatártelo en una cama de esas ya oxidadas de historias que mascullan juramentos cuando nos da por atacarnos...
Haríamos de cualquier lunes un viernes soleado y el invierno se hartaría de quejarse porque no le hacemos ni caso.
Todo eso pasaría si estuvieras aquí. Y, joder, me gustaría dejar de vivir en el tiempo condicional.
lunes, 9 de mayo de 2016
domingo, 10 de enero de 2016
lunes, 9 de noviembre de 2015
"Caminando en línea recta no puedes llegar muy lejos."
Que vivan las curvas (más aún si son las tuyas); que vivan los caminos que jamás habíamos pensado descubrir, esos a los que llegamos dibujando flechas de carmín; que vivan las dudas capaces de que te plantees el no irte a casa; que vivan las noches cobijadas en las comisuras de tus sonrisas, las mismas que descubro cada vez que alzo la vista, y así, joder, ahora se me pasan más lentos los días...
Yo soy de las que andan a tropiezos, en zig-zag, como si llevara dos o tres copas en los pies y la mente en esos espejos que usas para paralizar. De las que nunca aprenden ni dejan de soñar. No porque no quieran, sino porque no son capaces. También de las que cambian de juguete cuando se aburren, de esas que hoy te dedican palabras que parecen sacadas de un poema de amor, para mañana olvidarse de cada una de las letras de tu nombre.
Tal vez me quede prendida de ti esta noche, bajo esta extraña luz mortecina. Tal vez te dedique un par de frases que en este instante realmente sienta, pero te juro que correré en la dirección opuesta si noto la necesidad de necesitarte. Porque yo soy de esas que no están hechas para cumplir promesas.
Yo soy de las que andan a tropiezos, en zig-zag, como si llevara dos o tres copas en los pies y la mente en esos espejos que usas para paralizar. De las que nunca aprenden ni dejan de soñar. No porque no quieran, sino porque no son capaces. También de las que cambian de juguete cuando se aburren, de esas que hoy te dedican palabras que parecen sacadas de un poema de amor, para mañana olvidarse de cada una de las letras de tu nombre.
Tal vez me quede prendida de ti esta noche, bajo esta extraña luz mortecina. Tal vez te dedique un par de frases que en este instante realmente sienta, pero te juro que correré en la dirección opuesta si noto la necesidad de necesitarte. Porque yo soy de esas que no están hechas para cumplir promesas.
jueves, 29 de octubre de 2015
Tuve una vez un maestro llamado Astucia que me enseñó a decirle a los taxistas en el idioma propio del país al que fuese a viajar: "Y no me ande dando vueltas, que me conozco la ruta."
Pero no fue él, sino Experiencia, quien me hizo comprender que, en cuestiones tanto de lírica como de romanticismo, no ir al grano puede resultar la mejor opción.
¿Quién se atreve a crear planes lejanos, en lugar de sencillamente disfrutar del presente? Los cobardes.
No sé dónde estaré mañana, ni siquiera tengo claro si hoy me apetece darte las buenas noches. No me pidas promesas, ni cuentos populares con finales arraigados. Lo que sí puedo darte es todo un mundo oculto en cada segundo que corra de nuestro lado, un despertar diferente cada mañana, un verso por cada pensamiento que inunde, aunque temporalmente, mi mente con tu esencia.
Y, tal vez, algún día, a alguna hora que ninguna recordaremos, se nos encienda esa lucecita tan característica de la ensoñación de un mundo mejor. Entonces, supongo que no habrá marcha atrás, ni freno de mano capaz de pararme.
Sin embargo, si ni tal día ni tal hora llegan jamás, no significará más que una tragicomedia, a la cual terminaremos por tachar de obra mal redactada, incompleta, con tan poca tirada en las taquillas que ya estaba muerta antes incluso de haber nacido.
Pero no fue él, sino Experiencia, quien me hizo comprender que, en cuestiones tanto de lírica como de romanticismo, no ir al grano puede resultar la mejor opción.
¿Quién se atreve a crear planes lejanos, en lugar de sencillamente disfrutar del presente? Los cobardes.
No sé dónde estaré mañana, ni siquiera tengo claro si hoy me apetece darte las buenas noches. No me pidas promesas, ni cuentos populares con finales arraigados. Lo que sí puedo darte es todo un mundo oculto en cada segundo que corra de nuestro lado, un despertar diferente cada mañana, un verso por cada pensamiento que inunde, aunque temporalmente, mi mente con tu esencia.
Y, tal vez, algún día, a alguna hora que ninguna recordaremos, se nos encienda esa lucecita tan característica de la ensoñación de un mundo mejor. Entonces, supongo que no habrá marcha atrás, ni freno de mano capaz de pararme.
Sin embargo, si ni tal día ni tal hora llegan jamás, no significará más que una tragicomedia, a la cual terminaremos por tachar de obra mal redactada, incompleta, con tan poca tirada en las taquillas que ya estaba muerta antes incluso de haber nacido.
miércoles, 28 de octubre de 2015
En mi vida, todo es caótico.
Sin embargo, hoy me he hallado preguntándome cómo sería si respondiese al concepto de "normal". Y no encuentro la respuesta.
Porque normal... ¿qué es algo normal? ¿Los trazos generales que se repiten en la vida de los personajes en cada película? ¿Es algo rutinario, aburrido, constante?
No lo sé... no sé qué es la normalidad; nunca he llegado a palparla con los dedos, ni tan siquiera a imaginármela con detalle.
Pero lo que sí sé es que mi caótica vida no me permite ni frenar, ni dejar de aprender, ni mucho menos aburrirme.
Sin embargo, hoy me he hallado preguntándome cómo sería si respondiese al concepto de "normal". Y no encuentro la respuesta.
Porque normal... ¿qué es algo normal? ¿Los trazos generales que se repiten en la vida de los personajes en cada película? ¿Es algo rutinario, aburrido, constante?
No lo sé... no sé qué es la normalidad; nunca he llegado a palparla con los dedos, ni tan siquiera a imaginármela con detalle.
Pero lo que sí sé es que mi caótica vida no me permite ni frenar, ni dejar de aprender, ni mucho menos aburrirme.
Estrellas fugaces
"-Hubiese sido mejor venir a la misma hora -dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; descubriré el precio de la felicidad... Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón."
Me atenaza la impaciencia, la sucesión de los días a medio llenar, como si me hubieran servido un cubata en vaso de tubo con cuatro hielos, como si mi fuero interno no cesase en la cuenta de las experiencias que aguardan por mí a la vuelta de la esquina.
Me atenaza la urgencia de echar a correr, con pedales, con alas o con algún tipo de motor que impulse mi suerte. Correr, descubrir, explorar, viajar, conocer, compartir... vivir. No pido más.
Me atenaza la inconstancia del fluir del tiempo, de su enorme y confusa relatividad, del modo en el que un sólo segundo puede representar toda una vida... De cómo un día invernal es capaz de desprender tanto calor como una hoguera de San Juan... Todo está ahí dentro, todo depende del momento.
Y, por último, me atenaza la impotencia de no hallar mundo en el que estés conmigo, para enseñarme cómo se hacía eso de cerrar los ojos y que los escalofríos te obliguen, de pronto, a olvidar todo lo un día vivido.
Me atenaza la impaciencia, la sucesión de los días a medio llenar, como si me hubieran servido un cubata en vaso de tubo con cuatro hielos, como si mi fuero interno no cesase en la cuenta de las experiencias que aguardan por mí a la vuelta de la esquina.
Me atenaza la urgencia de echar a correr, con pedales, con alas o con algún tipo de motor que impulse mi suerte. Correr, descubrir, explorar, viajar, conocer, compartir... vivir. No pido más.
Me atenaza la inconstancia del fluir del tiempo, de su enorme y confusa relatividad, del modo en el que un sólo segundo puede representar toda una vida... De cómo un día invernal es capaz de desprender tanto calor como una hoguera de San Juan... Todo está ahí dentro, todo depende del momento.
Y, por último, me atenaza la impotencia de no hallar mundo en el que estés conmigo, para enseñarme cómo se hacía eso de cerrar los ojos y que los escalofríos te obliguen, de pronto, a olvidar todo lo un día vivido.
domingo, 25 de octubre de 2015
Dejaba huellas allí donde anhelaba que permaneciese su marca, su esencia, para que hablase en su lugar cuando ella no estuviera para hacerlo. Perdía un pedazo de sí misma en cada detalle, con la esperanza de que, algún día, a alguien se le antojase reunir en un puzzle los trocitos que había abandonado al antojo de los temporales que invadían el eterno invierno en el que habitaba.
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