Por la habitación, de una manera totalmente arbitraria, se amontonaban álbumes de fotos incompletos; libros con sus respectivos marcapáginas sobresaliendo por la página treinta; diarios en los que las aventuras todavía no conocían su final; zapatillas nuevas, sin estrenar, pero amarillentas por el paso del olvido; cigarros a medio consumir, aunque ya apagados contra la frialdad grisácea del cenicero; la cama estaba deshecha y los surcos de las sábanas parecían conformar el contorno de la figura que en su última mañana se había revolcado a regañadientes hacia el despertador; sobre el escritorio, se hallaba un incontable número de escritos en los que, más que palabras, destacaba la confusión que impregnaba cada frase tachada.
Aquel dormitorio componía a la perfección la vida y personalidad de su dueño: una sucesión de puntos suspensivos, de asuntos que ansiaban su desembocadura, como un río perdido entre valles que no logra hallar su mar para al fin descansar. Sin embargo, todo ese aparente desorden seguía una regla que escapa de cualquier convención mundana. Los libros, anclados para siempre en la trigésima página, representaban la firme convicción de jamás continuar algo que no logra seducir a la imaginación; los diarios nunca se llenaron, pues su cometido era el de simbolizar etapas que se fundirían con las siguientes, y bajo ningún concepto se debe dejar un pedazo de alma en el papel inadecuado.
Era la primera vez que abría su cuarto desde entonces. Y resolvió, con una última mirada antes de cerrar la puerta, que todavía no estaba preparado. Que las zapatillas seguían blancas.
jueves, 29 de septiembre de 2016
miércoles, 28 de septiembre de 2016
Paulo Coelho, "Veronika decide morir"
"¿Qué era un loco? No tenía la menor idea, porque esta palabra era empleada de una manera por completo anárquica. Decían, por ejemplo, que ciertos deportistas eran unos locos porque deseaban batir récords; o que los artistas eran locos, porque vivían de una manera insegura, improvisada, diferente de todos los <<normales>>. Por otro lado, ya había visto a mucha gente que iba por las calles de Ljubljana, mal abrigada durante el invierno, predicando el fin del mundo y empujando carritos de supermercado llenos de bolsas y vestidos.
-No sé qué es un loco -susurró Veronika-, pero yo no lo estoy. Soy una suicida frustrada.
-Loco es quien vive en su mundo. Como los esquizofrénicos, los psicópatas, los maníacos. O sea, personas que son diferentes de las demás.
-¿Como usted?
-Seguramente -continuó Zedka, fingiendo no haber escuchado el comentario- usted ha oído hablar de Einstein, el cual dijo que no había tiempo ni espacio, sino una unión de ambos. O Colón, insistiendo en que al otro lado del mar no había un abismo y sí un continente. O Edmond Hillary, que afirmaba que el hombre podía ascender hasta la cima del Everest. O los Beatles, que hicieron una música diferente y se vestían como personas totalmente fuera de la época. Todas esas personas, y otras miles, también vivían en su mundo."
-No sé qué es un loco -susurró Veronika-, pero yo no lo estoy. Soy una suicida frustrada.
-Loco es quien vive en su mundo. Como los esquizofrénicos, los psicópatas, los maníacos. O sea, personas que son diferentes de las demás.
-¿Como usted?
-Seguramente -continuó Zedka, fingiendo no haber escuchado el comentario- usted ha oído hablar de Einstein, el cual dijo que no había tiempo ni espacio, sino una unión de ambos. O Colón, insistiendo en que al otro lado del mar no había un abismo y sí un continente. O Edmond Hillary, que afirmaba que el hombre podía ascender hasta la cima del Everest. O los Beatles, que hicieron una música diferente y se vestían como personas totalmente fuera de la época. Todas esas personas, y otras miles, también vivían en su mundo."
martes, 27 de septiembre de 2016
Out of society
Perdonadme si no me llena el concepto de felicidad que nos inculca la sociedad en la que no me queda otra opción más que vivir.
Perdonadme si el matrimonio, con sus largos vestidos blancos y parafernalia varia, me suena a palabrería barata.
Perdonadme si no persigo el ideal común de un amor con fecha de caducidad, en el que un hijo es una medida de supervivencia en lugar de un regalo.
Perdonadme si rechazo permanecer largas y tediosas horas sentada con mi pareja en una terraza sin nada que decir, como si allí mismo nos encadenara a la silla nuestro propio silencio, provocado por años de dejadez en los que parecía tener más relevancia comprar cosas que vivirlas.
Perdonadme por tratar de que los convencionalismos no encuentren sitio en mi modo de actuar. Siempre he sido así, lo normal me resulta aburrido, vacío; conozco su final sin siquiera experimentarlo en carne propia.
Lo siento. Me niego. Me niego a esperar a que lleguen las vacaciones: prefiero vivir día a día como si cada uno fuera diferente (que lo es); me niego a dejar morir lentamente lo que un día me hizo soñar tanto.
Quedaos con vuestras comedias románticas. Yo me quedo con mis finales abiertos.
Perdonadme si el matrimonio, con sus largos vestidos blancos y parafernalia varia, me suena a palabrería barata.
Perdonadme si no persigo el ideal común de un amor con fecha de caducidad, en el que un hijo es una medida de supervivencia en lugar de un regalo.
Perdonadme si rechazo permanecer largas y tediosas horas sentada con mi pareja en una terraza sin nada que decir, como si allí mismo nos encadenara a la silla nuestro propio silencio, provocado por años de dejadez en los que parecía tener más relevancia comprar cosas que vivirlas.
Perdonadme por tratar de que los convencionalismos no encuentren sitio en mi modo de actuar. Siempre he sido así, lo normal me resulta aburrido, vacío; conozco su final sin siquiera experimentarlo en carne propia.
Lo siento. Me niego. Me niego a esperar a que lleguen las vacaciones: prefiero vivir día a día como si cada uno fuera diferente (que lo es); me niego a dejar morir lentamente lo que un día me hizo soñar tanto.
Quedaos con vuestras comedias románticas. Yo me quedo con mis finales abiertos.
jueves, 16 de junio de 2016
Dark
Ya había perdido la cuenta de las veces que, a lo largo de ese año, había contemplado su plaza. Sin embargo, nunca conseguía volver a divisar aquel tono dorado, por más que los crepúsculos bañasen un día tras otro aquellas baldosas de piedra que cobijaban su niñez. Jamás, aunque lo intentase hasta la saciedad, lograba recuperar aquel cariño perdido en la lenta sucesión de desilusiones que había conformado ese año.
Le parecía imposible que el melancólico y húmedo lugar que en ese instante surcaba su mirada fuera el mismo. No, no lo era. Allí ya no había gargantas secas coreando el nombre de la camarera; ni guitarras eléctricas encendiendo noches; ni amigos que sonríen y chocan las cinco como mascullando te quiero con los labios inmóviles; ni tampoco se divisaban botellines de estrellas vacíos.
A aquella plaza le habían arrebatado el alma los mismos que se la habían otorgado, y aguardaba, meditabunda, exhausta y desganada, a que volviesen a escucharse gritos de júbilo, a que de nuevo se derramasen botellas, y sobre todo a que a ella se le agotasen las dudas.
Le parecía imposible que el melancólico y húmedo lugar que en ese instante surcaba su mirada fuera el mismo. No, no lo era. Allí ya no había gargantas secas coreando el nombre de la camarera; ni guitarras eléctricas encendiendo noches; ni amigos que sonríen y chocan las cinco como mascullando te quiero con los labios inmóviles; ni tampoco se divisaban botellines de estrellas vacíos.
A aquella plaza le habían arrebatado el alma los mismos que se la habían otorgado, y aguardaba, meditabunda, exhausta y desganada, a que volviesen a escucharse gritos de júbilo, a que de nuevo se derramasen botellas, y sobre todo a que a ella se le agotasen las dudas.
martes, 14 de junio de 2016
Podría decir, por ejemplo, lo tentador que me resulta ahora mismo tu cuello.
Podría describirte, si me dejas, las mil maneras que usaría para que mañana amanecieras con un rastro de ojeras y que el rastro componga mi nombre, como si señalase la causa de tanto desorden en tus noches...y la razón por la que despertar con el pelo alborotado y una sonrisa.
Podría describirte, si me dejas, las mil maneras que usaría para que mañana amanecieras con un rastro de ojeras y que el rastro componga mi nombre, como si señalase la causa de tanto desorden en tus noches...y la razón por la que despertar con el pelo alborotado y una sonrisa.
lunes, 9 de mayo de 2016
Si me dijeras que me quieres te respondería que yo no, siendo sincera...
Aunque, si me dejaras matizar, también te diría que te necesito más con cada día que pasa; que guardo en los huecos de mi memoria que llevan tu nombre cada detalle que me regalas con cada nueva visita. Te confesaría que contigo la rutina es una aventura, y cada mañana una razón para abandonar el sueño y perderme contigo en la realidad más onírica.
Todo esto, también con tu permiso, me encantaría relatártelo en una cama de esas ya oxidadas de historias que mascullan juramentos cuando nos da por atacarnos...
Haríamos de cualquier lunes un viernes soleado y el invierno se hartaría de quejarse porque no le hacemos ni caso.
Todo eso pasaría si estuvieras aquí. Y, joder, me gustaría dejar de vivir en el tiempo condicional.
Aunque, si me dejaras matizar, también te diría que te necesito más con cada día que pasa; que guardo en los huecos de mi memoria que llevan tu nombre cada detalle que me regalas con cada nueva visita. Te confesaría que contigo la rutina es una aventura, y cada mañana una razón para abandonar el sueño y perderme contigo en la realidad más onírica.
Todo esto, también con tu permiso, me encantaría relatártelo en una cama de esas ya oxidadas de historias que mascullan juramentos cuando nos da por atacarnos...
Haríamos de cualquier lunes un viernes soleado y el invierno se hartaría de quejarse porque no le hacemos ni caso.
Todo eso pasaría si estuvieras aquí. Y, joder, me gustaría dejar de vivir en el tiempo condicional.
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