“Morir,
dormir, nada más, y, con un sueño, decir que acabamos el sufrimiento del
corazón y los mil golpes naturales que son herencia de la carne. Ésa es una
consumación piadosamente deseable: morir, dormir, quizá soñar: sí, ahí está el
tropiezo, pues tiene que preocuparnos qué sueños podrán llegar en ese sueño de
muerte, cuando nos hayamos desenredado de este embrollo mortal”
“Muchas
tardes, al finalizar las clases, clavaba sus ojos en el muro que daba al
exterior, como esperando que su madre estuviera al otro lado para llevarla a
casa”
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