-Ayer hablé
con Peter.
-¿En serio?
¿Y qué te ha dicho?
-Está muy
enfadado.
-Le extraño
tanto… Las noches despejadas, siempre me quedo mirando ese extraño fulgor que
despiden las estrellas –hizo una pausa-. ¿Qué nos dijo él aquel día? La segunda
estrella…
-La segunda
estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer.
-Sí. No me
resulta fácil encontrarla. Ni siquiera estoy segura de que lo haya conseguido
una sola vez. Pero…
-¿Crees que
estaba enfadado porque estamos creciendo?
No contestó.
Porque ni ella ni nadie sabía cuándo se empezaba y cuándo se paraba de crecer.
Sin embargo, cada noche, cuando sus padres la acuestan, ella se inclina
sigilosa hacia la ventana y la mantiene abierta.
Por si
acaso.
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