-Juguemos a algo. Es muy muy sencillo. ¿Tienes una moneda? Gracias. Yo lanzaré esta moneda al aire. Si sale cara, gano yo, y tienes que cumplir todas las promesas. Si sale cruz, ganas tú, y no sé qué deseo quieres pedir, pero lo haré sea cual sea.
Cruz ganó. Y él deseó no olvidarse jamás de ella.
Y se cumplió. No la olvidó. Pero ahora, cada domingo por la mañana (los domingos por la mañana sin ella son horribles) aprieta esa moneda con fuerza. Como cerciorándose de que vaya a donde vaya, está atado a esa cruz.
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