lunes, 5 de diciembre de 2016

He soltado un montón de te quieros inoportunos. Y me he guardado otros cuantos cuando debía liberarlos.
He caminado manteniendo el equilibrio para llegar a donde estoy ahora. Y no hay nada como que el abismo te mantenga la mirada para valorar lo que tienes.
He jugado con fuego llevándome un par de marcas de recuerdo. Y quemarse en ocasiones resulta demasiado placentero.
He escrito versos que nunca verán la luz. Y son más auténticos que los que lo logran.
He perdido el sueño de noche y lo he encontrado de día. Y diría que cambiando la perspectiva, se abren senderos inexplorados.
He desafiado a la lógica anhelando lo prohibido. Y no hay nada más intrigante que un cartel de "no pasar".
He eliminado miles de frases tan incoherentes como el interior de mi mente. Y un tachón, tecleo continuo, o canasta dentro de la papelera no se considera un error, sino otro nuevo comienzo.
Y, tras todo eso, sólo me quedan ganas de descubrir lo que falta por llegar. El incontable número de crepúsculos que me embriagarán, los que me perderé y no echaré en falta por contemplar otros soles; todos los sabores y olores que no alcanzo a imaginar todavía, distribuidos meticulosamente por todos los sitios en los que seguro me encantará perderme; las palabras que jamás se me ha ocurrido susurrar; la bifurcación que siempre ha estado ahí y nunca se me ha antojado tomar; mirar las montañas que me han visto crecer y que consigan reconocerme.

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