He
soltado un montón de te quieros inoportunos. Y me he guardado otros cuantos
cuando debía liberarlos.
He caminado
manteniendo el equilibrio para llegar a donde estoy ahora. Y no hay nada como
que el abismo te mantenga la mirada para valorar lo que tienes.
He jugado
con fuego llevándome un par de marcas de recuerdo. Y quemarse en ocasiones
resulta demasiado placentero.
He escrito
versos que nunca verán la luz. Y son más auténticos que los que lo logran.
He perdido
el sueño de noche y lo he encontrado de día. Y diría que cambiando la
perspectiva, se abren senderos inexplorados.
He desafiado
a la lógica anhelando lo prohibido. Y no hay nada más intrigante que un cartel
de "no pasar".
He eliminado
miles de frases tan incoherentes como el interior de mi mente. Y un tachón,
tecleo continuo, o canasta dentro de la papelera no se considera un error, sino
otro nuevo comienzo.
Y, tras todo eso, sólo me quedan ganas de descubrir lo que
falta por llegar. El incontable número de crepúsculos que me embriagarán, los
que me perderé y no echaré en falta por contemplar otros soles; todos los
sabores y olores que no alcanzo a imaginar todavía, distribuidos meticulosamente
por todos los sitios en los que seguro me encantará perderme; las palabras que
jamás se me ha ocurrido susurrar; la bifurcación que siempre ha estado ahí y
nunca se me ha antojado tomar; mirar las montañas que me han visto crecer y que
consigan reconocerme.
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