martes, 25 de octubre de 2016

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Cuando miras durante demasiado tiempo hacia una única dirección, las demás comienzan a asemejarse a senderos inciertos, para nada apetecibles. Hay sentimientos que nos nublan el mirar, nos anclan en un tiempo y en un solo lugar. Y cuando nos preguntan sobre el resto del mundo, su exhuberante infinidad se nos antoja peligrosa, resolvemos que es mejor permanecer junto a una persona antes que marchar a conocer cientos.
Benja se halló pensando en todo esto con incredulidad. Él, que nunca había sido amigo de mantener los pies en el mismo puerto durante más de lo que dura una tormenta; él, con sus ideales y convicciones –en ese instante, un tanto olvidadas- plagadas de frases en las que estaba prohibida la palabra “querer” o “siempre”; él, con sus veinticinco años a rebosar de experiencias, ¿realmente prefería quedarse allí? ¿Estaba remplazando todos los billetes de avión, las entrevistas con cantantes, las camas inmensas de hotel, por un sitio al lado de Nuria en el sofá?
Se giró ligeramente hacia la izquierda para mirarla durante unos segundos. Había notado que se había dormido mucho antes, por su respiración. Su mano seguía todavía entre las suyas, mas ya carente de voluntad, mientras que su cabeza descansaba en el hombro de Benja. Recordó entonces un fragmento de su libro favorito, “Marina”, el cual afirmaba que resulta sumamente conmovedor el momento en el que alguien se abandona de esa forma.
Y de nuevo se formuló la pregunta, pero esta vez a la inversa: ¿De verdad era capaz de marcharse , de dejarla dormir sola por las noches –o acompañada, lo cual daba aún más pavor-, de perderse cada una de las manías que siempre le sacaban de quicio para terminar arrancándole auténticas sonrisas? ¿Estaba dispuesto a renunciar a su mundo favorito simplemente por continuar saltando de uno a otro? Tenía miedo. Nunca se había planteado quedarse con el sabor de un beso, pudiendo probar mil nuevos.
-Detesto los finales felices en aeropuertos –comentó Nuria de pronto, sacando a Benja de su evasión-. ¿Puede haber un sitio más frío? ¿Por qué al protagonista siempre se le ocurre ir a buscarla en el último momento?
-Para que la trama sea más intrigante. Él puede llegar tarde y perderla.
-O también podría haber sido un poco menos gilipollas y no esperar tanto.
-¿Dónde pondrías tú un final feliz?
Nuria alzó la mirada con un atisbo de sonrisa escondido en su comisura derecha antes de responder:
-En un sofá, por ejemplo.
A Benja se le esfumaron cada una de las preguntas sin respuesta en cuanto la probó de nuevo. Supo entonces que se quedaría allí, en ese pueblo, al menos un ratito más.
-¿Sabes? Te queda genial este vestido. Pero le queda mejor al sofá.

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