-Sé
perfectamente a qué fue debido. Fueron diez años, casi once, en los que no dejamos
de conocer historias ocultas tras caras nuevas. Descubrí allí lo mejor y lo
peor del ser humano. Hubo momentos, créeme, que pasé miedo. El alcohol de vez
en cuando hace resurgir el lado más oscuro de las personas, y en ese estado tan
anárquico es muy difícil hacerles comprender que lo que están haciendo está
fuera de lugar.
>>Durante
ese tiempo, mantuvimos muchas conversaciones interesantes, no tenían nada que
envidiarles a las tertulias propias de pedantes. Sin embargo, también nos vimos
obligados a fingir, a hacer el papel de auténticos actores y aparentar que nos
interesaba lo que nos contaban cuatro gatos que estaban perdidos en su soledad.
Debido a ello, acabamos por crearnos involuntariamente distintas versiones de
nuestra forma de ser. Nos mostrábamos cariñosos con quien parecía pedir aprecio
en lugar de una cerveza, cambiábamos la música en función de los gustos de la
persona que estuviese al otro lado de la barra, nos transformábamos en
cómplices, en amigos, en el sacerdote que escucha cualquier pecado sin inmutarse,
en la mujer que siempre han querido llevarse a la cama o en el hombre que bajo
ningún concepto dejará pasar un insulto. Y en ocasiones, sobre todo después de
un día duro, volvíamos a casa con un millón de perspectivas desde las que mirar
el mundo que se entremezclaban, hasta el punto de que no sabíamos cuál era la
nuestra. Usábamos tantos rostros que, cuando volvíamos a ponernos el nuestro,
se nos antojaba extraño.
<<Y
ese no es más que otro de los muchos motivos por los que decidimos abandonar la
aventura. Nos consumía. Nos arrebataba los días y estábamos tan ocupados con el
millar de obligaciones que pusimos como prioridades que no nos percatamos de
verlos irse. Todos crecimos allí, de un modo u otro. Unos aprendieron a caminar
entre baldosas y taburetes, otros conocieron el turbio mundo de la noche, y
algunas, como yo, nos cercioramos a base de tortazos de que muy pocas personas
merecen nuestra confianza. Pero no es ese el futuro que quiero para mis hijos,
por muchos momentos bonitos que haya vivido entre esas paredes. No quiero verlos
pelearse por estar conmigo, quiero que se harten de mí porque me ven durante
todo el día; no quiero verlos hablar con gente con la que ni yo hablaría,
quiero poder enseñarles a escoger quién merece su tiempo y quién no. Lo
entiende, ¿verdad? No considero que sea el mejor lugar para unos niños.
-Allí se
formó una familia, según me ha dicho. No creo que haya mejor sitio para un niño
que con su familia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario