En las últimas semanas, he escrito una infinidad de textos que permanecen y permanecerán cobijados entre las páginas de mi cuaderno. He inmortalizado un número, que preferiría no contar, de imágenes nuevas: imágenes que pretenden reinventar nuestros sentidos, para conseguir que capten lo que nunca nos habíamos planteado sentir.
Sin embargo, la mayoría de escritos y cada una de las imágenes continuarán con su desconocida existencia, ocultas de miradas cargadas de prejuicios, de halagos o críticas que seguramente estén creadas bajo la mejor de las intenciones, pero que no logran comprender el mensaje que se trata de transmitir.
Antes me hartaba de crear para los demás. Creaba fábulas, ensayos críticos con la sociedad, relatos en los que cualquiera pudiera sentirse identificado, fotos simples de lugares complejos. Creaba, como he dicho, para la gente. No para mí.
Posiblemente, a partir de ahora, la mayoría de mis escritos e imágenes provengan de los rincones más inexplorados de mi mente, esos a los que no se consigue llegar a través de una aplicación, ni de ninguna página web. Tengo un mundo aquí dentro demasiado incomprensible como para dejarlo a la vista y esperar a que alguien lo entienda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario