martes, 25 de octubre de 2016

Lista de cosas que arrebatan el aliento.

Un sol afinado en una guitarra acústica, la cerveza que va por la mitad y se mantiene fría, esa carcajada que no te sale con cualquiera, un billete que aparece el día indicado, los últimos cinco minutos antes de que parta el tren (los mismos que creías perdidos por culpa del adelantado de tu reloj), reemplazar la cena por una avalancha de ideas que bajo ningún concepto se debe dejar que escapen, trasnochar simplemente porque apetece aún sabiendo las escasas horas de sueño a posteriori, llegar puntual por los pelos a una cita y luego hacerte la contrariada porque llevas esperando treinta segundos, que él o ella lo sepa y se eche a reír, la canción de Michael Kiwanuka que consigue hacer descansar a cualquier reloj, una playa desierta, una playa desierta contigo y conmigo, que olvides por completo durante una noche todas tus obligaciones y te pongas como excusa que puedes morirte en cualquier momento, la sonrisa desprevenida y natural que inmortaliza una cámara, el conjunto de metáforas con las que Sabina consigue hacer soñar, cuando decides que te la suda todo y le das rienda suelta a las ganas, los domingos de ruta, los viernes de apocalipsis, las palabras perfectas para susurrarte al oído, el paquete de café que te ha salvado la mañana y creías inexistente, tener una conversación en inglés con un alemán y acabar hablando francés, el sonido de una ola justo después de haberse roto contra la arena, el viento en un campo de maíz, que te tapen hasta arriba con la manta cuando creen que estás profundamente dormida.

Y a todo eso le podemos añadir el modo en que miras. 

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