viernes, 18 de noviembre de 2016

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El futuro se parece a una tragaperras que no necesita monedas y que no cesa de girar. Cambiando la velocidad y el sentido, eso sí, en función de nuestras decisiones. Hasta la más insignificante puede torcernos el rumbo y cambiarnos los esquemas.
A lo mejor un día a Nola se le antoja ir a ese puesto del mercado que tiene las manzanas más naturales y apetecibles del mundo. A lo mejor conoce al chico que le sonríe cuando le entrega la bolsa. A lo mejor ese chico, con el tiempo, acaba por infundirle la confianza que creía perdida. A lo mejor crece como profesional y como persona, en parte gracias a él, en parte gracias a ella. A lo mejor logra el trabajo que siempre soñó, en el lugar donde siempre soñó dormir. A lo mejor ese chico pasa a ser una experiencia más del camino y llega el momento en el que se ve obligada a decirle adiós. Pero, aunque eso sucediera, la causa de su crecimiento siempre sería la misma: un día a Nola se le antojó ir a ese puesto del mercado.

Hay personas que no están destinadas a quedarse con nosotros, sino que aparecen en nuestras vidas para dejarnos su huella intercalada con una lección. ¿Cuál es el objetivo de esto? Aprender y avanzar.

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