El futuro se
parece a una tragaperras que no necesita monedas y que no cesa de girar.
Cambiando la velocidad y el sentido, eso sí, en función de nuestras decisiones.
Hasta la más insignificante puede torcernos el rumbo y cambiarnos los esquemas.
A lo mejor
un día a Nola se le antoja ir a ese puesto del mercado que tiene las manzanas
más naturales y apetecibles del mundo. A lo mejor conoce al chico que le sonríe
cuando le entrega la bolsa. A lo mejor ese chico, con el tiempo, acaba por
infundirle la confianza que creía perdida. A lo mejor crece como profesional y
como persona, en parte gracias a él, en parte gracias a ella. A lo mejor logra
el trabajo que siempre soñó, en el lugar donde siempre soñó dormir. A lo mejor
ese chico pasa a ser una experiencia más del camino y llega el momento en el
que se ve obligada a decirle adiós. Pero, aunque eso sucediera, la causa de su
crecimiento siempre sería la misma: un día a Nola se le antojó ir a ese puesto del mercado.
Hay personas
que no están destinadas a quedarse con nosotros, sino que aparecen en nuestras
vidas para dejarnos su huella intercalada con una lección. ¿Cuál es el objetivo
de esto? Aprender y avanzar.
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