miércoles, 23 de noviembre de 2016

"Él le dice que está dispuesto a creer que ella es feliz, pero no que está sola. ¿Una chica como tú? Imposible. Le recuerda vagamente a un actor que siempre interpreta papeles de bueno. La charla se extiende un buen rato y luego se extingue por sí sola, una vez agotado el repertorio de tópicos de las conversaciones de bar: el amor, la crueldad humana, la política, el mundo. La vida, que tan simple parece en una mesa de café, le resulta a Elsa en realidad un complejo entramado de calles amistosas y calles que no lo son, de habitaciones en las que se ha sido feliz y habitaciones en las que una nunca lo será, de espejos que devuelven un rostro agradable y espejos que nunca favorecen, de vestidos que dan suerte y otros que no… Y así sucesivamente.”
                                                    

“-Lo que quiero decir, Raquel, es que creo que es absurdo intentar definir o prever los patrones de conducta de cada uno, porque cuando nos enamoramos, por ejemplo, no hay psicólogos ni psiquiatras que puedan explicar el fenómeno con exactitud. En realidad, empiezo a pensar que el amor es tan inexplicable como el sexo de los ángeles. De verdad, los psicólogos aplican teorías tan simples como los planos y contraplanos de este vídeo, y para intentar explicar las reacciones de los seres humanos tienden a echar mano de lugares comunes, de teorías que se suponen universales, de mitos jungianos o patrones freudianos o explicaciones lacanianas presuntamente aplicables a cualquier circunstancia vital. Pero en la vida real los lugares comunes no funcionan, no existe el absoluto ni los casos determinantes, porque la mayoría de las personas son demasiado complicadas como para que sus reacciones puedan explicarse en función de unas emociones predeterminadas.”

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