"Él
le dice que está dispuesto a creer que ella es feliz, pero no que está sola.
¿Una chica como tú? Imposible. Le recuerda vagamente a un actor que siempre
interpreta papeles de bueno. La charla se extiende un buen rato y luego se
extingue por sí sola, una vez agotado el repertorio de tópicos de las
conversaciones de bar: el amor, la crueldad humana, la política, el mundo. La
vida, que tan simple parece en una mesa de café, le resulta a Elsa en realidad
un complejo entramado de calles amistosas y calles que no lo son, de
habitaciones en las que se ha sido feliz y habitaciones en las que una nunca lo
será, de espejos que devuelven un rostro agradable y espejos que nunca
favorecen, de vestidos que dan suerte y otros que no… Y así sucesivamente.”
“-Lo
que quiero decir, Raquel, es que creo que es absurdo intentar definir o prever
los patrones de conducta de cada uno, porque cuando nos enamoramos, por
ejemplo, no hay psicólogos ni psiquiatras que puedan explicar el fenómeno con
exactitud. En realidad, empiezo a pensar que el amor es tan inexplicable como
el sexo de los ángeles. De verdad, los psicólogos aplican teorías tan simples
como los planos y contraplanos de este vídeo, y para intentar explicar las
reacciones de los seres humanos tienden a echar mano de lugares comunes, de
teorías que se suponen universales, de mitos jungianos o patrones freudianos o
explicaciones lacanianas presuntamente aplicables a cualquier circunstancia
vital. Pero en la vida real los lugares comunes no funcionan, no existe el
absoluto ni los casos determinantes, porque la mayoría de las personas son
demasiado complicadas como para que sus reacciones puedan explicarse en función
de unas emociones predeterminadas.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario