"Retornó a la cama. Lilian, medio dormida, rodó sobre el colchón, se acurrucó a su lado y reposó la cabeza en su hombro. María la abrazó y pensó que al abrazarla, abrazaba a un trozo de sí misma, puesto que Lilian, como todo amor, era, más allá de su propia identidad, una construcción, un soporte investido. En ella, como en cada amante, había parte de María, de sus aspiraciones, de sus necesidades. Y de ella, como de los demás, había recibido, por tanto, un reflejo de sí misma. Cada uno había actuado como un espejo diferente y le había hecho verse de distinta manera. Llegó horrible a Escocia porque Miguel ya no la quería. Y en Edimburgo, Grahame, que la deseaba, la convirtió en hermosa; y por Andy, que la admiraba, se sintió inteligente. Y con Lilian, de igual a igual, volvió a ser persona.
Había construido una pirámide en la que cada cara, cada triángulo, sostenía a los otros, y la suma de todos ellos componía a María.
Al día siguiente abandonaba la ciudad y toda aquella historia parecía un breve sueño que colgaba de un presente que ya era su pasado. A la luz del radiador Lilian se tornó anaranjada, cálida y brillante. Fijó la mirada en ese color, y lo mantuvo en la memoria al cerrar los ojos para volver a hundirse en los acogedores refugios del sueño. Pero esta vez sin miedo. Ya no huía, simplemente descansaba, haciendo acopio de fuerzas para volver."
No hay comentarios:
Publicar un comentario