La gente
intransigente que exige empatía.
Los halagos
falsos sin razón de sí.
Un albañil
de derechas. Uno no. Muchos.
Que no se
vaya la luz una noche de tormenta.
Los
prejuicios propios del que nunca ha cambiado de zapatos.
Mantener la
calefacción al máximo para crear un verano invernal.
Los futuros
que jamás se tornarán presentes.
Que alguien
se ponga en modo avión cuando le estoy revelando sensaciones que nunca antes
había exteriorizado.
Que el tarro
de la sal se parezca tanto al del azúcar y que yo me despierte tan dormida.
El mejor
momento de la canción interrumpido por un diálogo banal.
Hacer la
mochila para escapar a la playa y que comience a llover.
Perder
cuando sé que podría haber ganado por goleada.
Los tiempos
en condicional. Y lo que conllevan.
No poder
deshacer nunca del todo la maleta.
Haber
perdido la <<lista de cosas que hacer antes de morir>> garabateada
a los quince. Habría tachado un par de experiencias.
Que alguien
aumente el volumen de la televisión porque se grita en lugar de hablar.
El recuerdo
que me prohíbe concentrarme.
Los lunes
que sólo son lunes.
La cantidad
de susurros que permanecerán anclados en una esquina recóndita de la avenida
que rodea lo que pudo ser y no será.
(...)
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