jueves, 17 de noviembre de 2016

También hay cosas que me sacan de quicio.

La gente intransigente que exige empatía.
Los halagos falsos sin razón de sí.
Un albañil de derechas. Uno no. Muchos.
Que no se vaya la luz una noche de tormenta.
Los prejuicios propios del que nunca ha cambiado de zapatos.
Mantener la calefacción al máximo para crear un verano invernal.
Los futuros que jamás se tornarán presentes.
Que alguien se ponga en modo avión cuando le estoy revelando sensaciones que nunca antes había exteriorizado.
Que el tarro de la sal se parezca tanto al del azúcar y que yo me despierte tan dormida.
El mejor momento de la canción interrumpido por un diálogo banal.
Hacer la mochila para escapar a la playa y que comience a llover.
Perder cuando sé que podría haber ganado por goleada.
Los tiempos en condicional. Y lo que conllevan.
No poder deshacer nunca del todo la maleta.
Haber perdido la <<lista de cosas que hacer antes de morir>> garabateada a los quince. Habría tachado un par de experiencias.
Que alguien aumente el volumen de la televisión porque se grita en lugar de hablar.
El recuerdo que me prohíbe concentrarme.
Los lunes que sólo son lunes.

La cantidad de susurros que permanecerán anclados en una esquina recóndita de la avenida que rodea lo que pudo ser y no será.
(...)

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